POPULISMO vs. REPUBLICA

2015/07/27

POPULISMO vs. REPUBLICA
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Imperdible video realizado por la Fundación Libertad y Progreso.

La clase media ya lleva tres años de retroceso

Inflación y recesión explican la caída, que desmiente afirmaciones de la Presidenta

Por Alfredo Sainz | LA NACION

En las últimas semanas, la Presidenta dijo más de una vez que la Argentina era "el país de América latina que más clase media había generado" en la década. Sin embargo, la pirámide social que usan las empresas y los especialistas de marketing para definir sus estrategias comerciales y sus planes de inversión da cuenta de un estancamiento en el proceso de ascenso social y recuperación de la clase media.
Según un estudio privado, en los últimos tres años la clase media se redujo casi dos puntos a manos del crecimiento de la clase baja, que ya reúne a casi la mitad de los hogares argentinos. Los datos, que se explican por la inflación y la recesión, corresponden a la pirámide social que elabora la consultora CCR sobre la base de los aportes de la Asociación Argentina de Marketing (AAM), la Sociedad Argentina de Investigadores de Marketing y Opinión (Saimo) y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec (EPH).
Para hacer su medición la consultora usa datos oficiales de ingresos por hogar e indicadores cualitativos, como tipo de empleo, cobertura médica, nivel de educación y cantidad de aportantes por familia.
Según los datos de CCR, la barrera que separa la clase media de la baja es un ingreso mensual superior a los 11.700 pesos por hogar. Este límite no lo cruza el 47,5% de las familias argentinas, que integran la clase baja. Dentro de este universo, en CCR a su vez distinguen entre la clase baja superior -conocida como el segmento D1 en la jerga de los marketineros- y la clase baja lisa y llana (los segmentos D2 y E). Esta última representa al 17,2% de los hogares, cuenta con un ingreso promedio de 4600 pesos y tuvo un crecimiento de 0,5 puntos en el último año.

CAMBIO DE TENDENCIA

 
 
En la otra punta de la escala se encuentra el 5,5 por ciento de la población que integra el segmento ABC1, que en promedio tiene un ingreso familiar que supera los 106.000 pesos mensuales.
Puertas adentro, este segmento también muestra fuertes disparidades, ya que el quintil más alto del ABC1 -es decir, apenas un poco más del 1 por ciento de los hogares argentinos- tiene un ingreso de 187.000 pesos por mes, contra los 65.000 pesos del nicho más "pobre" de la misma clase social.
En los últimos años, la clase media había sido la gran beneficiada del modelo económico y, de hecho, entre 2004 y 2012 este segmento había ganado más de nueve puntos de participación hasta alcanzar a casi la mitad de la población argentina.
El crecimiento de la clase media se había logrado a costa de la baja, que en el mismo período había perdido diez puntos de participación, lo que también es otra muestra del proceso de recuperación que vivió la economía argentina.
"Más allá de que se trata de fluctuaciones muy pequeñas, lo importante es que desde 2012 se revirtió la tendencia de expansión de la clase media", precisó Patricia Sosa, directora de Negocios de CCR.
El cambio en la tendencia en la movilidad social no casualmente coincide con una aceleración de la inflación, que empezó a sufrir la economía a partir de 2012.
"Está claro que el primer factor que explica este estancamiento es la inflación, en especial durante 2014, donde a partir de la fuerte devaluación del peso se produjo una caída en el poder adquisitivo de los salarios. Pero la inflación no es la única razón y también influye que durante los últimos cuatro años prácticamente no hubo crecimiento de la economía ni creación de empleo en el sector privado", explica el economista Camilo Tiscornia.
En principio se podría pensar que los datos de CCR contradicen los estudios sobre el crecimiento de la clase media a los que apela el Gobierno a la hora de defender su gestión social, como el informe que se conoció en los últimos días del Pew Research Center, un "think tank" con base en Washington que trabaja sobre la base de datos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Según este estudio, la clase media se duplicó, al pasar del 15 al 32,5 por ciento de la población, lo que volvió a poner a la Argentina en el podio de países con más clase media de la región, detrás de Chile y Uruguay.

DIAGNÓSTICO COMPARTIDO

Los datos del Pew Research, sin embargo, se centran en el período 2001-2011, es decir que a grandes rasgos comparte el diagnóstico que hace la consultora CCR sobre la evolución de la pirámide socioeconómica argentina hasta el inicio del segundo mandato de Cristina Kirchner y no hace referencia a lo sucedido en los últimos cuatro años, los que marcan la declinación..

Hace falta un giro en la politica tributaria

Por Santiago Saenz Valiente

La actual estructura tributaria Argentina erosiona la economía al no respetar principios esenciales de la Constitución Nacional, tales como la equidad, la no confiscatoriedad y que los impuestos contemplen la capacidad de contribuir de cada ciudadano.
Aclaramos que la recaudación de los impuestos nacionales (Ganancias, IVA, Derechos de Exportación (retenciones), Impuesto al Cheque, etc), se debe distribuir equitativamente con las provincias. Este régimen denominado Coparticipación Federal es la base del federalismo, pues permite nivelar el poder entre las jurisdicciones y la Nación. De ahí su gran importancia.
Es fundamental que en este momento de elecciones los candidatos presenten propuestas de orden impositivo, por el efecto que tendrían en el desarrollo económico del país.
Propuestas de modificaciones
  • Diseñar un nuevo régimen de coparticipación federal, donde se distribuya equitativamente la recaudación impositiva y se asignen adecuadamente las responsabilidades.
  • Derogar los derechos de exportación (mal llamadas retenciones) para todos los granos- la soja en forma escalonada- y los productos de las economías regionales. Dichos ingresos fiscales son exclusivos de la Nación afectando la masa coparticipable a las provincias. Este impuesto no es equitativo, pues omite contemplar los gastos de cada productor y reduce la recaudación de las provincias al disminuir la base de ganancias e IVA.
  • Modificar el impuesto a las ganancias.
Debe corregirse su resultado contemplando la inflación, para exigirlo sobre renta real y no ficticia.
Cuando hay un aumento de las cotizaciones de granos y ganado, se grava la denominada ganancia por tenencia, que resulta injusta y debe derogarse ante su falta de razonabilidad al no provenir de una transacción económica.
Las pérdidas que provienen de la actividad agropecuaria son frecuentes y cíclicas. Para su compensación con renta de otros periodos debería admitirse se actualicen en función de la inflación real, procedimiento suspendido desde el año 1992.
Los saldos a favor del contribuyente se diluyen cada día por la propia desvalorización de la moneda, siendo imperiosa también su actualización.
Para incentivar la agricultura sustentable y proteger el medio ambiente, se propone permitir deducciones incrementadas por la adquisición de fertilizantes para reponer nutrientes.
Para estimular al equipamiento tecnológico del agro, es indispensable permitir una deducción completa en el periodo de compra de todas las maquinarias adquiridas o su renovación.
  • El IVA es totalmente regresivo pues afecta a los que menos tienen, pero debería ser neutro para el productor - aunque ello no se cumple-. Los perjuicios son visibles y manifiestos: efectos financieros de las ventas a plazo, saldos a favor por la aplicación de su porcentual reducido, retenciones de IVA con atrasos sustanciales en la devolución por la AFIP, etc.
El Registro Fiscal de Operadores Granos debe ser derogado, ya que es absolutamente inequitativo al disponer la AFIP motivos de exclusión o suspensión totalmente subjetivos. Su funcionamiento produce un perjuicio maléfico al quitarle el capital de trabajo al productor.
Es de estricta justicia proceder a una devolución automática e inmediata de los saldos a favor de los contribuyentes, además de permitir sin restricciones su aplicación al pago de cualquier impuesto propio o por deudas como agente de retención. También corresponde admitir su compensación con cargas previsionales.
  • Debe admitirse el pago a cuenta completo del denominado impuesto al cheque.
Estos son sólo algunos de los cambios esenciales, que de cumplirse implicaría un crecimiento exponencial de nuestra economía, sanando las principales heridas a las que diariamente están expuestos los productores.

Cruces en la Bolsa por diferencias de hasta $100 en la tonelada de soja

Mariano Galindez


Grandes operadores del mercado de granos consiguieron la semana pasada hasta $100 extra por tonelada de soja con respecto a las cotizaciones abiertas en la Bolsa de Comercio de Rosario generando revuelo entre los corredores, malestar que tuvo su pico el miércoles. Ocurre que los grandes vendedores (corre-acopios y cooperativas) están haciendo diferencia con los precios abiertos por una razón contundente: ofrecen mucho más volumen. ¿Cuánto más? Depende el día, pero lo mínimo que ponen sobre la mesa no baja de 10,000 tn, cuando el grueso de los corredores no líderes puede llegar a arrimar entre 200 y 700 tn diarias.

Estos grandes vendedores mantienen contactos tempraneros con los compradores dónde acuerdan las operaciones. El lunes pasado un operador no tradicional compró muy buena cantidad a quién le ofreció gran volumen a $2150 cuando el mercado abierto esa tarde cerró a $2050. El martes, otra vez un comprador cerró temprano operaciones a $2150 por grandes lotes, cuando por la tarde cotizó abierto a $2100 y por abajo a $2120. El miércoles, otro exportador compró a $2200 cuando el valor abierto más tarde estuvo a $2150 y por abajo a $2180. El jueves y viernes, luego del mar de fondo del miércoles, el recinto estuvo más calmo.

Ante este escenario, corredores chicos se quejaban argumentando “falta de transparencia” porque las operaciones son cada vez  menos abiertas y apuntaban cierta “cartelización” de los compradores ya que un día salía uno con un precio más alto y al otro día otro y nunca había competencia en ese segmento, como si “no quisieran pisarse los lotes”.

No obstante, pasando un peine fino esas hipótesis conspirativas pierden substancia. Hay grandes exportadores con mucha capacidad de originación directa comercializada a fijar que no les cierra que su competencia infle precios. Además, no todos están en esa estrategia de pagar más por la soja sino que en la mayoría de los casos los que ofrecen más son las industrias que tienen las más grandes plantas a las que “darles de comer”.

El tema estalla ahora por distintas razones. Una es que está tan complicada la situación económica del comercio de granos que una diferencia de precios como esta es como tirar sal a una herida en la cadena comercial. Pero además porque este año volvieron al ruedo -con otro perfil- los grandes corre-acopios, luego de que el año pasado los exportadores les dejaron de comprar argumentando que éstos les inflaban artificialmente los precios de las compras comprometidas a fijar vía operaciones con el mercado de futuro. Ahora vuelven a hacer negocios pero bajo otras condiciones que para los compradores son más aceptables: ya no hay tantos convenios de abastecimiento con los corre-acopios (que los ataban a comprarle) y a muchos sólo les compran si deshacen el traje de acopio y se ponen el de corredor. También los exportadores con menos capacidad de acopio en origen volvieron a operar con ellos pasado el castigo “corporativo”.

Y si a la vuelta de los grandes del corretaje se le suman que la cooperativas AFA y ACA cada vez mueven más, hay corredores medianos que ven que el negocio de los mejores precios se les escapa y por eso se quejan. Otros, en cambio, se quejan menos y le buscan la vuelta modernizándose para operar en futuros, dónde los precios son iguales para todos, o armando consorcios y fusiones de hecho para sumar volumen.

Carne argentina: un clásico en extinción

Por José del Rio | LA NACION
frigorificos
Unos 138 frigoríficos cerraron y 21.000 puestos de trabajo ya no están. Las exportaciones, en su piso, y los jugadores, en retirada.

Es el peor gobierno que le ha tocado al campo en toda la historia argentina." La frase le corresponde a Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural Argentina. "Se depredaron los recursos de nuestro sector, del Banco Central, de la Anses; caímos en la producción y en la exportación de carne, y los alimentos finalmente subieron de precio", se enoja el número uno de la entidad del campo. Hoy, el 90% del resultado económico de una empresa agropecuaria se va en impuestos, según sus datos.

Y hay un rubro en el que la crisis no deja de generar nuevas víctimas: el de los frigoríficos. Irónicamente -en el sector- lo bautizaron vaca muerta y es la contracara de la esperanza petrolera que tiene la Argentina.

Los datos son elocuentes: desde el cierre de los mercados internacionales en la gestión de Guillermo Moreno, unos 138 frigoríficos bajaron sus persianas, los despidos afectaron a 21.000 trabajadores y se perdieron unos diez millones de cabezas en el stock ganadero local, según números que maneja el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Carne.

La ecuación es simple. Bajaron los precios del mercado local porque se prohibieron las exportaciones, pero el negocio se destruyó y sin rentabilidad no hay empresa. Es un quebranto total", resume -desde el off the record- la realidad que atraviesa el sector quien fuera el número uno de un frigorífico local que pasó a manos brasileñas.

En 2014 se faenó un 17% menos de cabezas que en 2008 y la producción cayó un 14%. La política de cierre de las exportaciones arrancó en 2006 cuando la inflación avanzaba a paso galopante y Moreno desincentivó la producción de novillos para la venta al exterior, cuya faena cayó un 46%, es decir, en unos 2,1 millones de cabezas, según los datos del equipo económico de la Rural.

La información del Senasa avanza por el mismo camino: entre 2005 y 2010 abandonaron la actividad unos 27.000 productores ganaderos, según el registro oficial Renspa, y la tendencia está lejos de revertirse.

"Las exportaciones no dejaron de retroceder", agrega Etchevehere en el marco del ciclo Conversaciones de LA NACION. La participación de las carnes bovinas argentinas en el mercado mundial sigue cayendo. De ser los terceros exportadores del mundo con un volumen similar al de la India en 2005, se retrocedió consistentemente hasta el puesto 14, superados por Uruguay (10) y Paraguay (12), según los datos del Instituto de Estudios Económicos y Negociaciones Internacionales de la Sociedad Rural Argentina sobre la base de datos del International Trade Center.

"El cálculo incluye carnes frescas, refrigeradas y congeladas y da lugar a que una economía como la de Bielorrusia que entra 13,3 veces en el territorio argentino nos haya superado como exportadores en el ranking mundial de carnes", se lamenta Ernesto Ambrosetti, jefe de economistas de la Sociedad Rural. "Fue una década perdida para el sector", avanza Luis Bameule, ex presidente de Quickfood, la empresa creadora de la genérica Paty. La pérdida de stock ganadero se traduce en unos US$ 4000 millones menos de capital del sector, a los que hay que sumar entre 1000 y 1500 millones de dólares de flujo anual de exportaciones que no existieron por las restricciones. "Un dato adicional es que en 2006 se exportaban 770.000 toneladas y hoy se debería exportar más de un millón. Sin embargo, estamos en 200.000", dice Ambrosetti.

Durante unos siete años la cuota Hilton se incumplió por las disposiciones locales. "En el último año fue porque ya ni cierran los números para los envíos internacionales", suma Bameule. El cepo cambiario, las retenciones del 15 por ciento y los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) figuran a la cabeza. Del total mundial de lo que se transa de carne en el mundo hoy la Argentina representa el 2 por ciento contra el 15 por ciento que supo ostentar hace 8 años.


El viernes, sin embargo, el Gobierno festejó a través de un comunicado de Cancillería que un tribunal arbitral de la Organización Mundial de Comercio le dio la razón en todos los reclamos principales que se habían formulado contra las medidas de Estados Unidos que prohíben el ingreso a ese país de carne vacuna fresca -refrigerada o congelada- desde todo el territorio argentino. "Es una buena noticia, pero lejos está de resolver la situación de fondo. Ahora recién comienzan tres meses de revisiones", afirmó un productor ganadero.

El consumo de carne vacuna en la Argentina no pasa por una situación mejor. El retroceso entre 2008 y 2014 fue de 68 a 60 kilos por habitante por año, mientras que el precio promedio de la carne al consumidor aumentó un 523% en el período de enero de 2008 a diciembre 2014. "Una cifra inferior a los de otros rubros de alimentos pero que es poco sustentable", grafica otro empresario del sector. Y agrega: "La situación es tal que los cierres dejaron de ser noticia". En la última semana la carne vacuna aumentó un 20%, según el propio sindicato de la actividad.

"El potencial era impresionante, pero salió todo al revés y revertirlo llevará tiempo", agrega Bameule. Hoy la esperanza de los productores es que los principales candidatos presenten sus proyectos de largo plazo. El gran enigma para ellos es Daniel Scioli, cuyos asesores dieron atisbos a puertas cerradas pero no en público. Mientras tanto, se intentará mañana darle una luz de esperanza al alicaído sector con el anuncio de un acuerdo en la cadena de la carne. El objetivo es preservar puestos de trabajo e intentar revertir la ironía de la otra vaca muerta.

Trigo: para 2050, su demanda crecerá un 60 %


Para enfrentar este desafío mundial, se planteó una iniciativa internacional –de la que participan técnicos del INTA y del Conicet– a fin de intercambiar recursos y capacidades para aumentar su producción sustentable.



Considerado por los especialistas como un alimento básico, el trigo es un cultivo que aporta el 20 por ciento del total de las calorías y proteínas de la alimentación mundial. Como es sabido, la población aumentará a 9,2 millones de habitantes y, en consecuencia, la demanda de este cultivo trepará un 60 por ciento. En este contexto, surge la Iniciativa en Trigo de la que participan, en representación de la Argentina, investigadores del INTA y del Conicet.

Se trata de una propuesta, motorizada por Francia y avalada por los ministros de Agricultura de los países miembro del G20, que busca adelantarse a las demandas futuras de alimentos en un mundo intimidado por el cambio climático, la limitada superficie cultivable, la competencia de los biocombustibles y el posible aumento de precios.

En representación de la Argentina participan Gabriela Tranquilli –del Instituto de Recursos Biológicos INTA Castelar–, Marcelo Helguera –del INTA Marcos Juárez, Córdoba– y Viviana Echenique –Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida del Conicet–.

Así, junto a otros especialistas del mundo, intercambian recursos y capacidades, al tiempo que coordinan sus investigaciones genéticas, genómicas, fisiológicas, agronómicas y de mejoramiento del cultivo a fin de aumentar su producción sostenible.

En este sentido, Helguera ponderó la oportunidad a la que se enfrenta nuestro país al “presentar características agronómicas y agroindustriales que lo consolidan como un importante jugador en la producción de trigo contribuyendo a la soberanía alimentaria a escala nacional, regional y global en un marco de desarrollo sustentable”.

Por su parte, Tranquilli destacó la importancia de la participación argentina en esta iniciativa por “redundar en beneficios” para las investigaciones realizadas en el INTA. “Visibilizar las problemáticas priorizadas para el cultivo estimula la interacción con grupos extranjeros lo que potencia las capacidades de ambos”, aseguró.

Helguera fue un pasó más allá y aseguró que la participación activa de investigadores del INTA en esta iniciativa es una oportunidad para integrarse en las tramas globales de conocimiento e innovación considerando temáticas limitantes y estratégicas para el mejoramiento del trigo.

Unidos por un mismo fin

De acuerdo con la iniciativa, todos los países productores de trigo comparten la necesidad de aumentar el potencial de rendimiento, asegurar su alta calidad, disminuir las pérdidas ocasionadas por plagas y enfermedades, enfrentar la variabilidad climática, aumentar la sostenibilidad de los sistemas de producción y habilitar tecnologías de uso compartido.

En este sentido, la agenda estratégica identificó que las prioridades de investigación deben ser abordadas a escala internacional mediante una acción integrada. Esto, proporcionará un marco tanto para los investigadores públicos y privados, como para los financiadores y los responsables políticos, para trabajar juntos y responder al reto de incrementar de manera sostenible la producción de trigo y de contribuir a la seguridad alimentaria mundial.

Asimismo, la propuesta considera ciertos factores que revolucionarán el mejoramiento de trigo en el futuro, entre los que se destacan la disponibilidad de una secuencia de referencia del genoma del trigo ensamblada y anotada, la accesibilidad a datos científicos y herramientas de análisis mediante un sistema de información específico y la creación de nuevas combinaciones de alelos deseables mediante nuevas técnicas de mejoramiento.

Con 182 toneladas exportadas en junio, versus 618 en 2014, la industria semillera concluyó un muy mal primer semestre

Con 182 toneladas exportadas en junio, versus 618 en 2014, la industria semillera concluyó un muy mal primer semestre en lo que a exportación de híbridos de maíz se refiere. En total fueron 9.357 toneladas, contra 34.515 en 2014, es decir apenas el 27% de lo enviado doce meses antes.
Tomado en perspectiva, el volumen del presente año marca un claro retroceso respecto de los tres años anteriores, en sus primeros semestres.
La explicación podría residir o bien en una retracción de la demanda externa o bien en una falta de competitividad de la producción local (por altos costos en dólares), o bien en una combinación de ambos.
A propósito de esto cabe aclarar que los Estados Unidos son el principal demandante de la genética local.
En 2012 este mercado representó el 71% de las ventas, en 2013 el 80% (unas 46.000 toneladas), en 2014 el 78% y en 2015 el 65%, solo que este año fueron 6.056 toneladas, apenas el 13% de lo demandado dos años antes. Puesto en valor, la caída del mercado externo significó pasar de un pico de u$s230 millones en 2013 a los apenas u$s41 millones del presente año.

Fuente: BCR

Mayores exigencias para producir soja



La oleaginosa, que dominará más que nunca los paisajes de la zona núcleo, proyecta costos de producción de casi 21 qq/ha con los precios actuales y sin considerar gastos de estructura y de alquiler. La soja tampoco muestra números muy alentadores ya que no hay margen para el error. La eficiencia, el profesionalismo, la tecnología y el control oportuno serán claves para obtener beneficios, siempre y cuando el clima acompañe. Está casi terminada la siembra de trigo, el 80% de los lotes propaga macollos y ascienden las calificaciones excelentes. El maíz de segunda y tardío 2014/15 presenta un 80% de los cuadros cosechados con una leve caída en los rindes obtenidos respecto de la semana pasada: 80 qq/ha.

Los costos proyectados para la campaña 2015/16 en campos propios encienden una alerta entre los productores. Solo para producir se necesitan aproximadamente 460 U$S/ha y adquiere relevancia el gasto en estructura, lo que depende de cada explotación. Los cálculos se están haciendo con rindes promisorios de 35 a 40 qq/ha con la esperanza de que el clima prometa una segunda bendición; de lo contrario, se entraría en la zona de márgenes negativos. Cuando a estos costos se les suma el alquiler, condición en la que se encontrará mayormente el cultivo de soja, la ingeniería en la producción y la gestión de la empresa toman relevancia. Y allí queda atrás “el cultivo fácil de producir”. Los agrónomos insisten en la importancia de la fertilización en el rinde y el manejo eficiente de agroquímicos, ya que la reducción del paquete tecnológico para ahorrar no sería la solución.

El trigo cuenta con una adecuada provisión hídrica y temperaturas frescas que propician una buena evolución. Sin plagas ni enfermedades de consideración, el 93% de los cuadros del cereal invernal se encuentra en condiciones muy buenas a excelentes. En contraste, la parte noroeste de la región estaría necesitando lluvias para suplir la deficiencia de agua en los primeros 10 cm de suelo (ver mapa de reservas). Los estadios se concentran mayormente en inicios de macollaje, pero hay lotes aun en foliación y unos pocos atrasados que están emergiendo. La siembra esta pisando su final con un avance del 98% y la caída de área se está materializando en un 30% respecto de la campaña pasada.

La cosecha del maíz sembrado en diciembre mostró un interesante avance intersemanal del 9% del área, cubriendo el 80% del total sembrado en ese mes. Sin embargo, los rindes se redujeron respecto a la semana pasada y pasaron a ser menores a los previstos. Se nota una gran variabilidad en productividad unitaria, pero un promedio de 80 qq/ha no es considerado un mal rinde. Igualmente, el cultivo no expresó su potencial a pesar de haber crecido sin limitantes hídricas. Algunos técnicos consideran que el ahorro en tecnología, principalmente en la fertilización puso un techo a los rindes.

Los barbechos para la campaña gruesa 2015/16 van a paso lento y cubren el 69% de los cuadros. Comienza a preocupar los lotes con contratos de alquiler pendientes por cerrar mientras proliferan las malezas.



1- Mapa de reservas para pradera al 23/7/15



2- Foto: Trigo en macollaje, excelentes condiciones (Arroyo Dulce, Buenos Aires)










Por qué el argentino paga la carne tan cara

El consultor Fernando Canosa analizó la situación del sector en La Rural 2015. Las exportaciones hoy y las expectativas ante las elecciones.




El consumidor argentino paga “la carne muy cara” a raíz de la pérdida de “millones de cabezas del stock ganadero”, advirtió el consultor Fernando Canosa, y señaló que el productor local sólo piensa en lo que sucederá en el 2016 tras el cambio de gobierno nacional.

El especialista en materia agrícola y pecuaria indicó que, de todas formas, “las expectativas están dadas a partir de que con una nueva administración nacional haya cambios en la política de carnes y esto traiga aparejado un crecimiento del negocio”.

“Hoy el consumidor argentino paga la carne muy cara, fruto de la pérdida de 10 millones de cabezas del stock ganadero. Recién ahora hay una retención tibia de hembras y vientres y esto en función de lo que se espera para el 2016″, dijo Canosa a la agencia de noticias DyN, en el marco de La Rural 2015.

Con respecto a las exportaciones, el consultor aseguró que “hay muchas expectativas”. “La carne mantuvo sus precios frente a otros commodities, y además hay una demanda insatisfecha en el mundo y la Argentina cuenta con grandes posibilidades de atenderla”.

En ese sentido, también se apunta a qué va a suceder tras las elecciones. “Hoy solo exportamos un 5% de la producción, lo que es marginal. Es muy poco. De seguir así puede llegar el momento en que la carne producida no alcance para cubrir el consumo argentino. (Por eso) Hay que pensar en una política a largo plazo: asegurar la mesa de los argentinos y que se pueda exportar. Esto no es consumo versus exportación, ya que las ventas externas ayudan a contar con precios accesibles en el ámbito local”, opinó.

En tanto, remarcó que “con el control de precios, desde el 2008 cayó la oferta y los precios se fueron a las nubes”. “Hoy el consumidor argentino paga la carne muy cara, fruto de la pérdida de 10 millones de cabezas del stock ganadero. Recién ahora hay una retención tibia de hembras y vientres y esto en función de lo que se espera para el 2016″, finalizó.
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INSOLITO Por suba del salario mínimo, un preso gana más que un jubilado

Parte de los fondos, que representan una diferencia del 46% por sobre el haber de los abuelos, proviene del Anses.




En 2012, y en el marco de las salidas de presos fuera los penales federales para realiar actividades culturales, fue la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien aseguró en un acto que "el salario mínimo, vital y móvil es de 2300 pesos, es el mismo que cobran los presos que trabajan en las cárceles".

El martes pasado, el Gobierno nacional junto a sindicalistas aliados y empresarios acordaron que el “salario mínimo, vital y móvil" (SMVM) aumente de los 4716 pesos actuales a 6.060 pesos. El aumento del 28,5 por ciento será incrementado en forma escalonada, en agosto y enero próximo.

Lo insólito de la información es que ahora los presos cobran más haberes que los jubilados. El aumento del SMVM representa para el Servicio Penitenciario Federal un gasto adicional de 130 millones de pesos anuales. Parte de esos fondos provienen girados desde la cartera a cargo de Axel Kicillof pero otra parte también proviene del Anses, según reveló Infobae. La jubilación mínima es de $3.821,33. En comparación, un preso (que no paga comida, ni luz, ni gas, ni ningún servicio) gana 46 por ciento más que un jubilado.

Es que la ley de ejecución de penas privativas de la libertad (24.660) prevé en su artículo 120 que "el trabajo del interno será remunerado". Y aclara: "Si los bienes o servicios producidos se destinaren al Estado o a entidades de bien público, el salario del interno no será inferior a las tres cuartas partes del salario mínimo vital móvil. En los demás casos o cuando la organización del trabajo esté a cargo de una empresa mixta o privada la remuneración será igual al salario de la vida libre correspondiente a la categoría profesional de que se trate".

Según una reciente investigación, siete de cada diez internos de las cárceles federales perciben el salario mínimo. Sólo el año pasado, se invirtieron cerca de 372 millones de pesos en sueldos a los presos.

Este lunes, el ombudsman de la Tercera Edad, Eugenio Semino, aseguró en diálogo con radio Continental que es "escandaloso que los presos (trabajadores activos) ganen más que el sector pasivo".

De momento, se espera que en los próximos días el Gobierno anuncie el programado aumento periódico (por ley) para los jubilados.
Perfil

Se presentó un acuerdo histórico en la cadena de las carnes



La propuesta que reúne por primera vez a todas las entidades del sector plantea cambios en políticas públicas que permitirían en 10 años, generar 300 mil puestos de trabajo

Fuente: Agritotal.com


En el marco de la 129° Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional se presentó un acuerdo histórico que nuclea por primera vez las propuestas de todas las entidades de la cadena de valor de las carnes.


Ante la realidad que aqueja al sector -que desde 2005 perdió más de 18 mil puestos de trabajo en la industria frigorífica y 16 mil productores ganaderos- el acuerdo plantea cambios en relación a las políticas públicas actuales.

Las medidas permitirán, en sólo 10 años, crear 300 mil nuevos puestos de trabajo, incrementar la producción para consumo interno, generar un crecimiento significativo en el ingreso de divisas, y efectos positivos sobre la producción de otras carnes. Todo esto redundará en un mayor ingreso fiscal para la Nación, las provincias y los municipios.

El texto del acuerdo plantea 5 objetivos de alto impacto necesarios para iniciar el proceso de cambio. El primero es lograr la satisfactoria oferta de novillos pesados para faena e incrementar la producción y productividad del rodeo vacuno. El segundo, el control de las reglas de competencia y la evasión sanitaria, impositiva y previsional que garantice un trato equitativo para los operadores. En tercer lugar, mejorar la calidad institucional y derogar las normas que distorsionan la producción, el comercio y las inversiones. En cuarto lugar mejorar el acceso comercial y sanitario a los mercados acelerando las negociaciones que permitan incrementar la competitividad de la carne a nivel internacional. En quinto lugar, incrementar el empleo formal y calificado, creando condiciones para la recuperación de los productores que tuvieron que abandonar la actividad, fortaleciendo el arraigo regional.

Suscriben el acuerdo: Asociación Argentina de Angus, Asociación Argentina Criadores de Braford, Asociación Argentina Criadores de Hereford, Asociación Argentina de Brangus, Asociación de Productores Exportadores Argentinos (APEA), Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado, Cámara Argentina de Feedlot, Cámara de Consignatarios Directos de Hacienda (CCDH), Cámara de la Industria Frigorífica Argentina (CIFA), Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), Centro de Consignatarios de Productos del País, Centro Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO), Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), Federación Agraria Argentina (FAA), Federación de Sindicatos de Trabajadores de la Carne y Afines de la República Argentina (FESITCARA), Federación Gremial del Personal de la Industria de la Carne y sus Derivados (Federación Gremial), Sociedad Rural Argentina (SRA), Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), Unión de la Industria Cárnica Argentina (UNICA).

Corta vida para el estímulo exportador al maíz

Nicolás Ferrer

De aquí a China, la abundancia es la regla para el maíz en esta temporada. Con reservas abundantes de la campaña 14/15 en nuestra región y una mejora en las perspectivas para la próxima cosecha en el hemisferio norte, los precios empiezan su senda correctora hacia un nivel que haga del grano más atrayente para los compradores. En el plano doméstico, las actividades demandantes no tienen un pasar mucho mejor que el de los productores agrícolas, con las industrias cárnicas y lácteas sufriendo el efecto que el atraso cambiario y el estancamiento del consumo interno tiene sobre el valor de su producción. Añadiendo el yugo que ejercen las improvisadas restricciones a la comercialización del grano no sorprende la austeridad de los planteos de cara al inicio de la siembra.

El alza en los valores ofrecidos en la plaza local tras la extensión por 4 millones de toneladas del cupo de exportación hacia un total de 15,5 millones de toneladas el día miércoles de la semana pasada trajo una sensible pero transitoria mejora en las ofertas de compra, llevándolas momentáneamente por encima de los $950 la tonelada. El hecho es que de acuerdo a datos oficiales, al 15/07 los exportadores tenían compradas unas 13,38 millones de toneladas del grano, con lo cual ya poseían casi la mitad de la apertura adicional. De allí el efecto haya sido tan limitado y las protestas con respecto al volumen habilitado generalizadas. En la apertura anterior, a fines de abril, los exportadores tenían apenas un quinto del nuevo cupo comprado, por lo cual la mejora en los precios fue algo más duradera.



De la mano de la caída de las cotizaciones a nivel internacional y bajo la limitada necesidad de los compradores, los valores ofrecidos en la plaza local por la exportación en condición disponible volvieron a tener un límite superior de $900 la tonelada por el maíz grado 2 puesto en San Lorenzo sin descarga, pero disminuyendo hasta los $870 por la mercadería con descarga en General San Martín. Diferir la entrega hasta octubre representaba una mejora de entre u$s 10 y u$s 12 por tonelada, mientras que por entregas entre marzo y mayo del próximo año se podía pagar hasta u$s 125 dólares la tonelada. Según SIO-Granos, tan sólo unas 350 mil toneladas habrían sido intercambiadas en la semana con entrega en el transcurso de este año, reflejando el empeoramiento de las ofertas.

Los últimos días estuvieron lejos de resultar favorables para el maíz en la CBOT. Cinco jornadas sin presentar ganancias significativas resultaron en la semana de mayores pérdidas en más de un año, con una caída de casi u$s 10 por tonelada en la posición agosto. El grueso de la misma tuvo lugar el día lunes tras la llegada de temperaturas más altas y un nivel moderado de precipitaciones que favorece el desarrollo apropiado de la floración del maíz en el Medio Oeste. El Departamento de Agricultura norteamericano corroboró lo esperado en su informe semanal, mostrando un 69% de los cultivos en condiciones buenas a excelentes, incluso con un aumento de esta última calificación en un 2% en desmedro de una reducción del porcentaje en buen estado. De no mediar un fenómeno climático extremo durante el fin de semana, existen expectativas de que el día lunes veamos una mejora adicional en las calificaciones.

Como ya fuese anticipado en el informe de la semana anterior de la Guía Estratégica para el Agro de la BCR, la intención de siembra de maíz temprano para la próxima campaña en la zona núcleo representaría una caída interanual del 40% en el área implantada. Se comenta que aquellos que dispongan del capital y la infraestructura necesaria podrían favorecer planteos de mayor valor agregado, pero la realidad es que una de las razones para la fuerte depresión en el valor del maíz es la dificultosa situación que atraviesan la ganadería y la lechería. La divergencia entre los valores internos como consecuencia del atraso cambiario y los impedimentos a la comercialización de toda la cadena es notable. Mientras que en Chicago el valor del futuro de maíz con entrega en septiembre se encuentra un 9% por encima de aquel contrato con vencimiento en el mismo mes del año pasado, en ROFEX la misma comparación resulta en una caída interanual de casi el 23%.

La difícil situación en distintas cadenas agroindustriales son mencionadas por sus protagonistas desde hace algún tiempo ya. Todas sufren de un fenómeno común con la producción agrícola: el precio que recibe el productor es apenas suficiente para afrontar los costos. Muchos probablemente estarían en situación más que crítica de tener el precio actual del maíz que pone un techo al costo del forraje. Con esto no queremos decir que dichas actividades sean artificialmente sostenidas, pero sí que hay una situación que afecta a toda la cadena de valor. La demanda interna se encuentra totalmente satisfecha con el consumo de carnes, encontrándose en máximos históricos, mientras que los precios de la leche a nivel internacional se encuentran por el suelo. De las actividades ganaderas tal vez la bovina es la que mayor potencial presenta, con mayor competitividad y acceso a nivel internacional. Queda claro que por más de que existan reclamos puntuales, la reforma necesaria para revitalizar al agro debe ser universal, de lo contrario su sustentabilidad no estará garantizada.

Campaña de trigo ajustada en toda la región

 Guillermo Rossi

El panorama del mercado de trigo hasta el final de la campaña luce relativamente aclarado, con participación en declive de los exportadores en el segmento disponible y demanda de la industria molinera orientada hacia requerimientos de calidad cada vez más difíciles de encontrar. El diferencial de precio entre lotes en condiciones Cámara y con exigencias de proteína o gluten se mantiene relativamente estable en 25-30%, reflejando la necesidad de los compradores de premiar la aptitud industrial de la mercadería para lograr atraer un mayor volumen de ese segmento. Los valores suben desde alrededor de $ 980 a cerca de $ 1.350 por tonelada en la zona de Rosario.

Hasta el momento se han comercializado poco más de 10,5 millones de toneladas sobre una oferta total que el Ministerio de Agricultura estima en 15,7 millones entre producción y stocks iniciales, es decir, aproximadamente dos tercios. En términos relativos, esta situación muestra una gran similitud con el avance de la comercialización registrado a la misma altura del año pasado, que mostraba negocios por 6,3 millones de toneladas sobre una oferta total de 9,7 millones. La principal diferencia es que el año pasado la cosecha había logrado mejores parámetros de calidad, facilitando las estrategias de la industria molinera.

El consumo interno se mantiene apenas por debajo del ritmo que mostraba a la misma altura del año pasado. La molienda de mayo de este año reportada por el Ministerio de Agricultura resultó de 476.006 toneladas frente a las 506.522 toneladas correspondientes al mismo mes de 2014, a pesar de que este año la disponibilidad de materia prima es mayor. Parte de la diferencia la explica el mercado exportador de harina. Desde comienzos de la campaña hasta ahora las emisiones de ROE Verde de harina acumulan unas 250.000 toneladas, frente a las 330.000 toneladas emitidas durante el mismo tramo del ciclo comercial 2013/14.

El sector exportador, por su parte, muestra una posición neta abrumadoramente larga. Sus compras totales llegan a casi 7 millones de toneladas y los embarques concretados desde diciembre hasta el momento ascienden a unas 3 millones de toneladas. Si bien estos participantes tienen ROE Verde concedidos para colocar otras 700.000 toneladas y cupo anunciado que los habilita a recibir permisos hasta completar 4,7 millones, queda todavía un excedente a la espera de cualquiera de tres alternativas: una nueva ampliación del cupo de exportación, la venta del cereal en mercados externos durante la próxima campaña o destinar esos stocks al mercado doméstico, siempre y cuando tengan calidad de interés para los molinos.

De las exportaciones efectuadas en lo que va de la campaña actual, más del 70% tuvo a Brasil como destino y el volumen restante se repartió entre compradores menores de Asia y África. A la inversa, se observa también que Argentina ha sido el principal origen de las importaciones brasileñas en el ciclo 2014/15. Tomando datos de Abitrigo desde agosto del año pasado hasta junio de 2015, sobre importaciones totales por 4,8 millones de toneladas luego de transcurridos 11 meses de la campaña, el 51% del cereal utilizado por la industria brasileña provino de Argentina, el 29% de Estados Unidos, el 10% de Uruguay y el volumen restante fue paraguayo o canadiense.



Al ver estos números queda claro que las compras de Brasil durante el año en curso sufrieron una fuerte retracción respecto de las previsiones iniciales, denotando un inesperado retroceso de la demanda que posibilitó un considerable ahorro de costos en un contexto de depreciación del real frente al dólar. Cabe recordar que en las campañas 2012/13 y 2013/14 las importaciones brasileñas de trigo totalizaron 7 y 6,6 millones de toneladas, respectivamente, recurriéndose en el segundo de estos años a mercadería norteamericana por el 60% del total.

Las compras brasileñas podrían recuperarse en el corto plazo para terminar de cubrir el empalme de cosechas, ya que en poco más de un mes comienza a ingresar al circuito comercial la producción del estado de Paraná. Si bien el USDA estuvo reportando algunas ventas desde Estados Unidos a Brasil, el grueso de las necesidades de importación se apoyará en la disponibilidad de los exportadores argentinos, que colocan trigo exento de arancel y con menores costos de flete hasta los puertos de destino. Las primeras estimaciones de producción en el país vecino rondan las siete millones de toneladas, aunque algunos analistas advierten que se trata de una proyección optimista tras las lluvias persistentes del estado de Paraná y los recientes ajustes a la baja en la superficie de Rio Grande do Sul.

Mirando a otros jugadores de la región, en Uruguay y Paraguay el año transcurre con menores perspectivas de cosecha debido a la reducción de la superficie sembrada y, al igual que en Argentina, el menor uso de tecnología. Las expectativas de rinde son altamente dispares, ya que Uruguay ha sufrido un otoño y comienzo del invierno predominantemente seco, pero no así el área agrícola del sudeste paraguayo, bastante cargada de agua. El fenómeno de "El Niño" ha comenzado a condicionar la marcha de la campaña y los resultados a cosecha son verdaderamente inciertos tanto en términos de cantidad como de calidad.

La soja siente el impacto de la débil demanda



Guillermo Rossi





A lo largo de la semana los futuros de soja en Chicago se sumaron al aluvión bajista que alcanzó a otras commodities, incluyendo al precio del petróleo y del oro. La publicación de distintos datos sobre la marcha de la economía norteamericana -por ejemplo, los pedidos de seguro de desempleo en mínimos de cuatro décadas- siguen favoreciendo las posibilidades de que antes de fin de año se produzca un aumento en la tasa de interés de referencia de la FED, activando una considerable presión vendedora entre los fondos especulativos. Estos participantes todavía contaban con una posición comprada en términos netos hasta el último martes, estimada en 80.335 contratos según la CFTC. Sin embargo, en ruedas posteriores continuaron liquidando gran parte de sus carteras.

Las condiciones climáticas se han estabilizado en el cinturón productivo del medio oeste y las temperaturas moderadas permiten un desarrollo casi óptimo de los cultivos en aquellas zonas que eludieron los problemas de anegamientos y retraso en la siembra. En Iowa el 77% de la soja reúne condiciones buenas o excelentes, guarismo que se ubica en 79 y 84% en los estados de Minnesota y Wisconsin, en el extremo norte de la región agrícola. Hacia el oeste también predomina el optimismo respecto del potencial de rendimientos a poco de comenzar el período crítico de determinación de rindes. Por lo tanto, el mercado le ha quitado énfasis al monitoreo de la oferta para pasar a concentrarse en las perspectivas de la demanda, que se muestra decididamente débil.

La situación económica en China, el principal comprador de la oleaginosa, continúa dando señales de preocupación. La industria manufacturera del gigante asiático registró en julio su mayor contracción en 15 meses y los mercados accionarios respondieron a la baja, esperándose un crecimiento más bien chato de su demanda de commodities durante el próximo trimestre. El gobierno se ha mostrado activo en la implementación de nuevos estímulos, especialmente monetarios, pero se está quedando con pocos instrumentos para dar señales más contundentes.

En este contexto, se destaca que las exportaciones norteamericanas de soja de la cosecha nueva se encuentran en su nivel más bajo desde el año 2009, con compromisos acumulados por apenas 7,1 millones de toneladas frente a 14,7 millones a la misma altura del año pasado y 11,9 millones de toneladas en promedio durante los últimos cinco años a mediados de julio. Del total vendido hasta el momento para el ciclo 2015/16, unas 2,5 millones de toneladas tendrán a China como destino, cuando a la misma altura del año pasado los compromisos con este país llegaban a 8,3 millones, es decir, un poco más del triple. En los últimos días el USDA ha estado reportando distintas operaciones de exportación, aunque por un volumen total todavía insuficiente para acercar los números en la comparación con años recientes.



Sucede que en las últimas semanas los procesadores chinos se volcaron agresivamente a la compra de su materia prima en Sudamérica, aprovechando la competitividad de los puertos de Brasil y Argentina no solo para posiciones de embarque cercano, sino también llegando al último trimestre del año, usualmente dominado por las exportaciones de Estados Unidos. Por ejemplo, para exportar en octubre desde la zona Up River los traders exigen unos 50 ctvs/bushel por encima de los futuros de Chicago con vencimiento en noviembre, lo que arroja un precio FOB diferido cercano a u$s 380 por tonelada. En cambio, las puntas FOB en el Golfo de México se encontraban sobre el cierre de la semana recién en niveles de u$s 390/ton para la misma posición.

Llegado este punto cabe destacar que el flete desde el sudeste de Estados Unidos hacia China se estima unos u$s 5/ton más barato que desde terminales portuarias del hemisferio sur, haciendo que la caída del FOB en el Golfo comience a restar posibilidades de negocio para los exportadores argentinos y de Brasil. De concretarse en los próximos días un mayor descenso de los precios norteamericanos -principalmente, Chicago- las posibilidades de seguir colocando porotos de soja en los últimos meses del año se verán amenazadas. En este contexto, nuestro país recuperará su orientación a la exportación industrial con embarques de harina hacia destinos de Europa y el sudeste asiático.

Una cuestión adicional a tener en cuenta es el debilitamiento de los márgenes de molienda de la industria en China, puesto que los precios internos de la harina comenzaron a bajar tras los máximos alcanzados durante la semana pasada. Esto forzó una ligera caída en los valores FOB del poroto en puertos sudamericanos, que en Argentina se dio en simultáneo con mejores precios en el mercado interno. Por lo tanto, el margen de los compradores locales se contrajo notablemente, a punto tal que el FAS teórico de la exportación correspondiente al viernes se ubicó en u$s 230/ton, prácticamente en línea con el precio negociado en el mercado disponible.

Las subas de la plaza local se revirtieron a partir de la segunda mitad de la semana, a medida que el contexto externo comenzó a complicarse. El precio Cámara alcanzó un máximo de esta campaña en $ 2.180/ton para las operaciones del miércoles, ubicándose en el mismo nivel que tenía el 13 de marzo, antes del ingreso de la cosecha. Si bien la escalada reciente de los valores motivó cierto interés vendedor, buena parte de la oferta ya se había volcado al circuito comercial y el remanente ingresará muy gradualmente a medida que los productores necesiten afrontar nuevos gastos. Las compras de fábricas y exportadores hasta el momento llegan al 60% de la última cosecha, con pequeño retraso respecto del 66% habitual para esta época del año.

De todos modos, la comparación interanual de las compras expresadas en toneladas es positiva tanto para la industria como la exportación. Esto también se verifica a través de las emisiones de ROE Verde, que reflejan no solo el ritmo de originación sino también el avance de los compromisos de venta con el exterior. Desde la tercera semana de marzo se concedieron permisos por 11,1 millones de toneladas del grano y 14,5 millones de subproductos de soja, mientras que en el mismo período del año pasado las solicitudes aprobadas ascendieron a 6,9 y 13,1 millones de toneladas, respectivamente.



En principio, el dato de los ROE Verde de subproductos de este año se encuentra afectado por el conflicto entre empresas y trabajadores del sector aceitero que tuvo lugar durante buena parte del mes de mayo, limitando las posibilidades de trabajo de las fábricas. Afortunadamente, esa situación quedó atrás y el crushing de junio experimentó una importante recuperación. La molienda de soja de todo el país resultó de 4,5 millones de toneladas, a muy poco del récord histórico de la industria alcanzado en mayo del año pasado.

¿Tiene que estar preocupado el campo argentino por una caída en la economía china?



Julio Calzada





En los últimos tiempos se ha generalizado la preocupación sobre los efectos que podrían ocasionar -sobre las importaciones chinas de poroto y aceite de soja- la desaceleración en la economía de la República Popular China y el reciente derrumbe registrado en la Bolsa de Shanghái.


Recordemos que China compró en el exterior cerca de 77,7 millones de toneladas de semillas oleaginosas en el año 2014: 9,2 millones de toneladas de aceites oleaginosos y 2,2 millones de toneladas de harinas oleaginosas. A nivel de productos individuales, adquirió cerca de 71,3 millones de toneladas de poroto de soja. Le compró a Brasil 32 millones, a Estados Unidos cerca de 30 millones y a Argentina 6 millones de toneladas. Por otra parte, nuestro país es el principal vendedor de aceite de soja a China con 479 mil toneladas en el año 2014. Le sigue Brasil que colocó 468 mil toneladas y Estados Unidos de América con 186.000 toneladas.


Estas cifras evidencian que China es un actor central y clave para el futuro del mercado internacional de la soja y sus derivados.


Por eso decidimos formularnos dos interrogantes centrales: ¿Pueden registrarse caídas de significación en el futuro en las importaciones chinas de poroto y aceite de soja? ¿Tiene sentido que estemos preocupados por el futuro de la economía china?


Para responderlas, nos hicimos otras nueve preguntas. Y lo llamativo es que muchas de las respuestas que hemos obtenido, abonan la idea de que Argentina no debería estar tan preocupada por lo que le suceda a China. Sí, leyó bien. No se equivocó. Lo que queremos expresar es que muchas de las respuestas que hemos encontrado muestran que deberíamos estar "un poco más tranquilos" respecto del futuro de las compras de poroto y aceite de soja que realiza China a nuestros mercados. "Un poco más tranquilos". No del todo, ya que no tenemos el don de la "videncia" ni de la adivinación para conocer - a ciencia cierta- lo que sucederá en el futuro.


Allí van las preguntas con cuadros comparativos y sus respuestas.






Pregunta N°1: ¿Son muy significativas las importaciones agrícolas chinas respecto del total de exportaciones e importaciones de la República Popular China? (Año 2014)


Respuesta a la pregunta N°1: Esta pregunta la formulamos porque dentro de las importaciones agrícolas chinas se encuentran las ventas que hace Argentina de poroto y aceite de soja. Como podemos observar en el cuadro respectivo (pregunta N°1), las importaciones agrícolas chinas en el año 2014 alcanzaron un total de 134.982 millones de dólares. El peso de esas importaciones agrícolas en las exportaciones totales de China es bajo: oscila en el 5,8%. No es una cifra descabellada. Es bastante baja teniendo en cuenta que se trata del país de mayor población mundial (en el orden de los 1.300 millones de habitantes) y que está realizando -desde hace algunos años- un fuerte traspaso de casi 600 millones de personas a la clase media. Esta población ha aumentado fuertemente los consumos de proteínas animales, con el efecto consiguiente de aumentar las importaciones de poroto de soja para producir harina de soja a través de su complejo industrial oleaginoso.





También es baja la participación de las importaciones agrícolas chinas en el total de importaciones de ese país. Apenas llega al 6,9%.


El informe de la Consejería Agrícola Argentina indica claramente que si bien China ha conseguido una relativa autosuficiencia en materia de granos (la política de seguridad alimentaria apunta a garantizar el 95% de las necesidades del país) y ha logrado un incremento constante de su producción en los últimos 10 años (en 2014 se situó en 607,1 millones de toneladas); su creciente demanda de alimentos para satisfacer a una población en aumento y con mayor poder adquisitivo y nuevos hábitos de consumo, ha motorizado tanto las compras en el exterior de materias primas para su industria aceitera, de piensos, textil, calzado, muebles y construcción, como así también de las manufacturas de origen agrícola, como lácteos, carne bovina y ovina, entre otro.


A pesar de esta situación, la incidencia de las importaciones agrícolas sobre el total de exportaciones e importaciones chinas sigue siendo baja.






Pregunta N°2: ¿China tiene superávit comercial para pagar sus importaciones agroalimentarias? Si existiera ese superávit, ¿le alcanza para pagarlas?


Respuesta a la pregunta N°2: Como puede verse en el cuadro respectivo, China no sólo tiene superávit comercial para pagar las importaciones agroalimentarias; sino que ese superávit comercial en los últimos tres años viene aumentando. Recordemos que el superávit comercial es la diferencia entre exportaciones e importaciones totales que realiza China.





En el 2014, el total de las importaciones agrícolas chinas apenas representaron el 34% del superávit comercial chino. Una cifra absolutamente razonable. Más razonable todavía suena comparar el déficit comercial agrícola que tiene China (la diferencia entre compras en el exterior y ventas al exterior que realiza China en materia de productos agrícolas) con el importante superávit comercial total que tiene el Gigante asiático. El déficit comercial agrícola chino apenas alcanza al 17% del superávit comercial de China (el cual en el 2014 fue de casi 379.710 millones de dólares). Si. Leyó bien. China generó un superávit comercial en el 2014 de casi 380 mil millones de dólares. Y eso que viene creciendo a moderadas tasas del 7% y no al 11% como lo hizo hace algunos años. Es un superávit comercial notable.


Pero además puede observarse que el indicador "Déficit comercial agrícola/Superávit comercial" viene bajando en los últimos años. El déficit comercial agrícola chino representaba el 30% del superávit comercial de China hace 2 años (2012). En el 2014 había caído a un 17%. Otro aspecto favorable para países como Argentina que le venden productos agrícolas a la República Popular China.






Pregunta N° 3: ¿Qué diferencias importantes tienen Argentina y China en sus balanzas comerciales? (Año 2014)


Respuesta a la pregunta N°3: Miremos ahora a nuestro país comparado con China en lo que respecta a la balanza comercial total y la agrícola. Son notables las diferencias que existen. Las exportaciones Argentinas en el 2014 fueron apenas el 3% de las exportaciones totales Chinas. Lo mismo sucede con las importaciones. Las diferencias de tamaño son enormes.


La balanza comercial agrícola muestra la disparidad que existe entre Argentina y China. Nosotros tenemos superávit y ellos déficit. Lo interesante es que el comercio bilateral entre Argentina y China presenta una alta complementariedad, ya que las exportaciones chinas hacia nuestro país son en su casi totalidad productos no agrícolas, de países desarrollados que compiten fuertemente en ciertos segmentos del mercado mundial.





Pregunta N°4: ¿Quién le vende más a quién? ¿Argentina a China o China a Argentina?


Respuesta a la pregunta N°4: China le vende más a Argentina. En el 2014, las exportaciones chinas a nuestro país fueron de 7.683 millones de dólares. A su vez China nos compró principalmente granos y productos agrícolas industrializados por U$S 5.247 millones. Esto implica que -en teoría- podríamos tratar de exportar mucho más a China para equilibrar esta balanza comercial bilateral que favorece al gran país de Asia.


Pregunta N°5: ¿Argentina tiene peso específico como proveedor de China en materia de productos agrícolas? ¿Qué relevancia tienen las ventas agrícolas argentinas a China sobre el total de importaciones de China y sobre las importaciones agrícolas de ese país?


Respuesta a la pregunta N°5: El peso específico de Argentina como proveedor de productos agrícolas a China es bajísimo, por no decir mínimo. Nuestro país le vendió en el 2014 cerca de 4.536 millones de U$S a China. Hablamos siempre de productos agrícolas. Esta cifra representa apenas el 3,4% del total de las importaciones agrícolas de China en ese año. Somos un proveedor menor para el Gigante Asiático. Ni que hablar cuando comparamos las compras de bienes agrícolas que nos hizo China en el 2014 con el total de las importaciones de ese país. Las exportaciones agrícolas de Argentina hacia China son apenas el 0,23% del total de lo que compra China en el exterior en un año. Esta baja participación es una gran suerte para Argentina. Para nosotros exportar 4.536 millones de dólares es sumamente importante y estratégico. Para China es una cifra baja, en función del gran tamaño de su comercio exterior.





Pregunta N°6: ¿Qué porcentaje de las exportaciones chinas debe afectar ese país para pagar las importaciones agrícolas desde Argentina? ¿Se le hace muy pesado a China pagar las importaciones de productos agrícolas que provee Argentina?


Respuesta a la pregunta N°6: De ninguna manera se le hace pesado a China pagar las importaciones de productos agrícolas que provee Argentina. Para pagar esas importaciones desde Argentina (4.536 millones de dólares estadounidenses), China tiene que afectar la irrisoria cifra del 0,19% de los dólares que genera con todas sus exportaciones. Una cifra bajísima.






Pregunta N°7: ¿Cuáles son los principales productos agrícolas que compra China en el exterior?


Respuesta la pregunta N°7: A partir de esta pregunta vamos a tratar de introducirnos en las importaciones de poroto y aceite de soja, los dos productos agrícolas de mayor relevancia en las ventas de Argentina a China. En el cuadro relativo a la séptima pregunta vemos que el poroto de soja es el principal producto adquirido por China en el exterior en la categoría de "importaciones agroalimentarias". En términos monetarios y medidos en dólares estadounidenses, las importaciones de poroto de soja desde Brasil, Estados Unidos, Argentina y otros países productores representan casi el 30% del total de las importaciones agrícolas chinas. Esta cifra no es muy elevada, a pesar de tratarse del principal producto agrícola comprado en el exterior por China.


En el cuadro puede verse el posicionamiento de otros productos de naturaleza agrícola-ganadera tales como: algodón sin cardar (en segundo lugar en el ranking de importaciones agrícolas), leche en polvo entera (tercer lugar), aceite de palma refinado, etc.


El aceite de soja, con importaciones totales en el año 2014 del orden de los 1.090 millones de dólares, apenas ocupa el puesto N°25 en el ranking de productos agrícolas importados por China. Su participación en el total de las importaciones agrícolas chinas oscila en el 0,8%. Lo que para nosotros es una venta relevante de casi 1.100 millones de dólares, divisas necesarias para las reservas del Banco Central de la República Argentina, para ellos es apenas el 0,8% de lo que compran en un año en materia de bienes agrícolas, procesados y sin procesar. Una cifra muy baja y de escasa significación.






Pregunta N°8: ¿Se le hace muy difícil a China pagar sus importaciones de poroto de soja a USA, Brasil, Argentina y otros países?


Respuesta a la pregunta N°8: Sorprendentemente, las cifras que se observan en el cuadro respectivo, estarán evidenciando que no sería muy pesado para China pagar sus importaciones de poroto de soja a USA, Brasil, Argentina y otros países. Evaluemos lo siguiente: Las importaciones chinas totales de poroto de soja en el año 2014 ascendieron a 40.330 millones de dólares estadounidenses. Esta cifra representa apenas el 1,7% del total de las exportaciones chinas de ese año. Un guarismo realmente bajo.


Si cotejamos las importaciones de poroto de soja con el total de importaciones de China, aquellas representan el 2,1% de todas las compras externas del Gigante Asiático. Son cifras reducidas. Moderadas. Por lo que se observa, el poroto de soja no emerge como un producto que tenga un peso enorme en la balanza comercial china. Y si uno lo compara con el superávit comercial chino que en el 2014 ascendió a 380 mil millones de dólares, las importaciones de poroto de soja apenas representan un 10,6% de dicha cifra.





Pregunta N°9: ¿Se le hace muy difícil a China pagar sus importaciones de poroto de soja y aceite de soja a USA, Brasil, Argentina y otros países


Respuesta a la pregunta N°9: En esta última pregunta quisimos evaluar los pagos que debe realizar China para comprar en el exterior poroto y aceite de soja en forma conjunta. Nuevamente sorprenden los guarismos obtenidos. No parecería pesarle mucho a China el tener que pagar casi 41.400 millones de dólares. Esta cifra representa apenas el 1,8% del total de las exportaciones chinas de ese año y el 2,1% de todas las importaciones del Gigante Asiático. Siguen siendo cifras reducidas. La comparación con el superávit comercial chino que en el 2014 ascendió a 380 mil millones de dólares muestra que las importaciones de poroto y aceite de soja apenas representan el 10,9% del superávit comercial. Cifras bajas y por cierto razonables.


Como vemos, muchas de las respuestas que hemos obtenido son positivas para Argentina y colaboran a tener una mirada "algo más tranquila y positiva" sobre el probable impacto que podría llegar a tener una desaceleración de la economía China en las compras de soja y aceite. En los momentos en que vivimos, tener una mirada alentadora sobre esta temática evidentemente "no es poca cosa". Ojalá el futuro nos dé la razón.

El porqué de la producción agrícola con márgenes en rojo

Nicolás Ferrer y Guillermo Rossi

En debates informales sobre políticas públicas para el sector agropecuario, al igual que en muchos análisis de coyuntura de los mercados, se lanzan con frecuencia afirmaciones tales como "sin restricciones cuantitativas ni derechos de exportación la producción de granos podría subir un x%". Implícitamente, se hace referencia a que ceteris paribus la cantidad ofrecida aumenta a precios (recibidos por el productor) más elevados, es decir, la curva de oferta agrícola trazada sobre ejes de precio y cantidad tiene inclinación positiva. En igual sentido, también se llega a conclusiones respecto de cuánto puede bajar la producción ante disminuciones de los precios, por ejemplo, porque hay cultivos que pierden rentabilidad y progresivamente van cediendo espacio en los planes de siembra. En este caso, algo usual sería concluir que "dada la reciente baja de las cotizaciones, en la próxima campaña la superficie nacional sembrada podría caer un x%". Naturalmente, la pendiente más o menos empinada de la curva de oferta dependerá del período de tiempo considerado.
Si bien estos razonamientos, aunque simplistas, no parecen del todo errados, es importante que se comprenda el fundamento teórico que hay por detrás de la respuesta de los oferentes a los vaivenes del mercado. Adelantaremos que el comportamiento de la producción a los estímulos de precio se verifica siempre en el largo plazo, por lo que a veces mejores márgenes no significarán en lo inmediato más producción y, contrariamente, trabajar a pérdida no implicará que los productores vayan a abandonar instantáneamente su actividad. El lento ajuste de la oferta (por cuestiones tecnológicas, culturales o de expectativas) a las fluctuaciones de la demanda es lo que genera la dinámica de ciclo que suele observarse en los mercados de commodities.
El pensamiento de David Ricardo, plasmado en "Principios de Economía Política y Tributación" (1817), nos permite una primera aproximación al tema. Adaptando sus ideas al modelo de negocios del agro en Argentina, veremos que los productores explotarán inicialmente las tierras más fértiles todo lo posible (margen intensivo) y luego comenzarán a desplazarse hacia áreas alejadas cuando obtengan un mejor retorno (margen extensivo). El precio tenderá a ubicarse en un nivel igual al costo marginal de la unidad más costosa, es decir, la última, otorgando una renta al resto de las explotaciones en actividad. Sin embargo, en mercados competitivos las fuerzas actuarán para igualar la tasa de ganancia de todos los tipos de tierra, por ejemplo, con diferencias regionales en los arrendamientos.
Otro aporte lo ofreció años más tarde el economista alemán Johann H. von Thunen en "El Estado Aislado en relación con la agricultura y la economía nacional" (1826). En un modelo quizás excesivamente simplificado, sostuvo que las actividades agropecuarias más intensivas (i.e. que requieren mayor inversión) tenderán a ubicarse en las zonas cercanas a los centros de consumo, independientemente de las condiciones naturales del suelo. Por lo tanto, el costo de transporte -y no la fertilidad del suelo- es el principal determinante de la localización. Para llevar ese análisis a la siembra de cultivos en la Argentina habría que pensar en precios más elevados para orientar la producción hacia regiones marginales.
Hasta aquí hemos visto que para aumentar la producción se requiere de más precio, sea porque hay que ocupar áreas de menor productividad o porque se incurren en mayores costos de transporte. Por lo tanto, a la inversa, una caída de los precios debería impactar negativamente en el volumen de oferta.
Sin embargo, la agricultura argentina de las últimas décadas jamás podría encuadrarse dentro de la mirada de los economistas clásicos o los pensadores del siglo XIX. La "agricultura campesina" hace muchos años que se convirtió en un modelo empresarial crecientemente innovador, con predominio de explotaciones de gran escala, concentración del número de productores, integración vertical en la cadena de valor y aparición de nuevas formas de gestión de la empresa. En este contexto, y frente a la posición de Argentina como país tomador de precios en un mercado global crecientemente disputado, no queda tan claro el porqué las señales del mercado deben asegurar siempre una determinada rentabilidad en el campo. Más bien, podría suceder que los precios caigan por debajo de los costos medios de producción y que la decisión sea que hay que seguir produciendo, porque se han invertido grandes sumas en activos específicos de difícil liquidación, porque no se cuenta con infraestructura, recursos financieros ni know-how para dedicarse a otra actividad (¿ganadería?, ¿forestación?), porque hay compromisos de largo plazo con proveedores y clientes o incluso por la existencia de barreras emocionales o expectativas favorables de cara al futuro.
Lo anterior explica por qué a corto plazo la producción trabajaría un tiempo a pérdida en un contexto desfavorable, aunque claro está que no se trata de una situación que pueda persistir indefinidamente. Una primera salida sería que -con el tiempo- el mercado se recupere hasta acomodarse a la estructura de costos de los productores. Sin embargo, esto implicaría suponer que los precios están determinados por los costos, algo que en la práctica no se verifica. En cambio, lo que sucederá es que la curva de costos medios del empresario deberá caer para que el negocio vuelva a ser rentable. El crecimiento en el tamaño medio de la explotación agrícola argentina es justamente una acción en tal sentido, pues da lugar a economías de escala reales (utilización más eficiente de la tecnología, equipo y capital humano) y pecuniarias (precios menores al comprar mayor cantidad de insumos) que abaratan el costo por tonelada.
En la práctica… ¿por qué insisten los productores?
En las últimas tres campañas, con la brusca caída de los precios tanto a nivel local como internacional de los principales productos agrícolas de nuestro país, hemos asistido a un continuo empeoramiento de los márgenes de rentabilidad del sector, el cual, de cara al ciclo 2015/16 alcanza un nivel crítico. A pesar de ello, las cosechas de soja y maíz han alcanzado niveles récord en algunas de esas campañas, mientras que la producción de trigo del último año se ubicó por encima de un todavía respetable nivel de 12 millones de toneladas.
Bajo esta circunstancia muchos seguramente se preguntan: ¿Por qué los agricultores se lanzan a la producción si los números cada vez cierran menos? ¿Qué hay detrás de este comportamiento aparentemente irracional? No entraremos en detalle acerca de los factores propios del contexto doméstico que dan lugar a dicha reducción en las utilidades ni analizaremos el grado de la misma, sino simplemente trataremos de exponer un argumento que demuestre que existe cierto grado de racionalidad en la insistencia de los productores.
La teoría microeconómica hace referencia al "punto de cierre" de una empresa en aquella situación en la que los ingresos obtenidos por el productor no son suficientes para cubrir los costos variables, es decir, aquellos que dependen directamente del volumen pretendido y que deben ser afrontados ejercicio tras ejercicio. Bajo esta lógica, en la medida en que el productor pueda recuperar aunque sea parte de sus costos fijos (aquellos que deben soportarse independientemente de que decida trabajar la tierra o no), tendrá suficientes razones para explotar la tierra a corto plazo. Caracterizar este razonamiento en el marco de un rubro como el agrícola, con ciclos productivos extensos e interdependientes y un alto grado de incertidumbre en los ingresos posee ciertas complejidades, pero el principio explica perfectamente la dinámica de la situación.
La particularidad de la empresa agropecuaria es que el administrador no conoce de antemano su función de costos, por lo que no puede adoptar una estrategia maximizadora. En ocasiones surgen imprevistos como resiembras, necesidad de aplicaciones extra de fungicidas, pérdidas en el almacenaje, etc. Naturalmente, tampoco se sabe con certeza la productividad unitaria. Por ello, a diferencia de la industria manufacturera o los servicios, la unidad de análisis para el costeo no es la medida física del producto obtenido (i.e. costo por tonelada) sino que el presupuesto se expresa en función de la escala (es decir, costo por hectárea).
A lo anterior se le suma que el grueso de los gastos corrientes que conlleva trabajar la tierra debe ser afrontado con varios meses de anticipación con respecto a la comercialización de la mercadería y sin conocer el valor final de la misma. Esto sin mencionar las distintas inversiones de capital y los gastos en mantenimiento de la infraestructura necesarios para llevar a cabo la actividad. Diversas prácticas y participantes, surgidos con el paso del tiempo, pueden facilitar una disminución del riesgo precio y una mayor regularidad de los flujos de efectivo, con el inconveniente de implicar un mayor compromiso para con terceros por parte del productor y, lógicamente, mayores costos.
Inversiones en maquinaria, manejo de suelos, irrigación, caminos e incluso gastos del tipo corriente son encaradas a través del financiamiento, generalmente del tipo comercial. De abandonar la tarea, el productor no sólo estaría incurriendo en un costo de oportunidad con respecto a sus bienes de capital, sino que no tendría cómo hacer frente a sus obligaciones financieras y sufriría una descapitalización aún mayor con tal de lograrlo.
No existen usos alternativos rápidamente adoptables para dichos activos, ya que las principales causas de la merma en el margen obtenido por el productor (presión impositiva, restricciones al comercio exterior, atraso cambiario, elevación de los costos de producción y comercialización y caída de los precios internacionales) afectan en mayor o menor medida a todos los cultivos. Otras opciones posiblemente viables para el uso de la tierra (como ser la ganadería) suelen requerir considerables y extensas inversiones de capital con retornos que no se harán presentes hasta entrados varios ejercicios.
Otra característica destacable de la tierra es su particular comportamiento como bien de capital, el cual a diferencia de la generalidad de los casos, sufre un acentuado deterioro en su condición por el simple hecho de no ser utilizado. La aparición de malezas conlleva costos crecientes con el paso del tiempo, lo cual lleva a la aplicación de cultivos de cobertura a fin de evitar la futura necesidad de un trabajo intensivo de recuperación de los terrenos. De allí que desaparezca el atractivo de los planteos con campo arrendado incluso ante una sensible caída en el valor de los contratos, la cual promueve las explotaciones bajo esta modalidad con el sólo objeto de impedir el surgimiento de los problemas detallados anteriormente.
La agricultura contemporánea está lejos de ser la actividad primitiva y con nulo agregado de valor cuya imagen se ha extendido. Sin embargo, su naturaleza favorece los planteos de largo plazo y una reacción más bien lenta ante cambios en los precios de las commodities que produce.

Apostillas del "Dólar Ahorro"



Leandro Fisanotti





Finaliza una semana en la que la cotización del dólar ha sido uno de los temas de mayor relevancia en las páginas económicas. Un creciente apetito por la dolarización de las carteras en detrimento de las posiciones en moneda doméstica multiplicó las operaciones tendientes a hacerse de la divisa. En línea con esto, el denominado "dólar ahorro" marcó un nuevo récord de ventas en el acumulado del mes de julio.



Dólar ahorro: de dónde viene y a dónde va

El denominado "dólar ahorro" o "dólar AFIP" nació en enero de 2014, pero sus orígenes son anteriores. El inicio de esto debe buscarse en la implementación de restricciones a las compras de dólares por parte de individuos que se puso en práctica a partir de noviembre de 2011 como un paliativo a un proceso de fuga de capitales que se aceleraba. Esta medida fue bautizada por la opinión pública como el "cepo cambiario" y generó un mercado informal y paralelo para la moneda extranjera que ganó popularidad bajo el mote de "blue".



A partir de la implementación de este primer set de restricciones, otras vías de salida de dólares del sistema fueron cerrándose. Se establecieron mecanismos de autorización para las ventas de moneda extranjera con motivos de viajes internacionales y se aplicaron recargos a cuenta de pagos del impuesto a las ganancias para la utilización de tarjetas de crédito para compras en el exterior. Hasta enero de 2014, la posibilidad de adquirir dólares para su atesoramiento - una de las más tradicionales formas de ahorro entre los argentinos, aunque no necesariamente más rentable - estuvo vedada.

El mes de enero del año pasado resultó particularmente convulsionado en lo que refiere a la plaza cambiaria. Tras una abrupta depreciación del signo monetario, una de las medidas que adoptó el Gobierno en pos de una normalización de las operaciones fue la rehabilitación de las ventas de dólares a los individuos para su atesoramiento. Esto se materializó a partir de la Resolución General 3.583/14 de la AFIP, en la cual se determinó que - autorización mediante - podían adquirirse los billetes verdes desembolsando adicionalmente un 20% por sobre la cotización de la divisa a cuenta de pagos futuros de impuesto a las ganancias. Esta percepción impositiva podía omitirse si el comprador inmovilizaba en una cuenta bancaria especialmente dispuesta a tal efecto los billetes verdes por un plazo de un año.

Para acceder a este canal, el solicitante debe tener ingresos por sobre el duplo del nivel del salario mínimo vital y móvil (tras la última actualización esto es un ingreso mensual de $ 11.176 y $ 12.120 a partir del próximo enero). La normativa establece que se pueden comprar dólares por el equivalente al 20% de los ingresos, sin superar los US$ 2.000 por mes.

Tras 18 meses de la aplicación de este esquema, los registros acumulados dan cuenta de más de 9.700.000 operaciones en las que unos 6.400 millones de dólares pasaron de las arcas del Estado a manos de privados. En julio, en base a los datos obtenidos al día 22 del mes, las ventas de "dólar ahorro" anotaron un nuevo máximo en la serie al superar los US$ 544 millones. Con siete jornadas hábiles por delante, el acumulado de ventas ya superaba el récord mensual anterior en un 6%.



Radiografía de las operaciones

Desde la implementación de la RG 3.583/14, la AFIP dio curso a más de 10.500.000 solicitudes de autorización, de las cuales se efectivizaron - como fue mencionado - algo más de 9.700.000. Esto dejó en el camino voluntades de compra de divisas que, contando con la aprobación de la autoridad de aplicación, no efectuaron las operaciones por un valor que asciende a los US$ 24 millones.

Considerando que las operaciones efectivizadas acumularon un total por sobre los 6.400 millones de dólares, esto arroja que el monto de ventas promedio por transacción es de US$ 654. Si se observan estrictamente los registros del mes en curso, este promedio asciende a los US$ 707 por transacción. De la fórmula de autorización puede desprenderse que los ingresos mensuales promedio de quienes acceden a la compra de dólares son de $ 32.250.



En relación al perfil de los compradores de dólares, en un 95% son empleados en relación de dependencia, un 45% corresponde a trabajadores autónomos y sólo un 0,5% a monotributistas. Estos guarismos dan cuenta de un reducido acceso de quienes adoptaron el régimen simplificado, anotando menos de 100.000 transacciones desde enero del año (sobre los casi diez millones) para los más de dos millones de contribuyentes encuadrados en el régimen simplificado. La participación de los empleados en relación de dependencia, clara mayoría entre los compradores de "dólar ahorro", se explica en un 60% para quienes reportan en el sector privado y un 35% de empleados públicos.

Entre los empleados públicos, la distribución de las operaciones arroja algunas disparidades. El mayor volumen de transacciones corresponde a las nóminas provinciales, pero en montos comprados el primer escalón del podio es para los empleados públicos nacionales. Esto refleja un mayor nivel de ingresos promedio que se traduce en mayores montos autorizados. En base a los datos acumulados, la compra promedio de los empleados públicos nacionales asciende a los US$ 689, un 5,4% por sobre el promedio general y 4,2% superior al promedio del sector privado. Los autónomos constituyen el grupo que exhibe el mayor monto promedio por transacción, superando los US$ 858 por compra según los datos acumulados. En contraste, el nivel de autorizaciones para los monotributistas es el más bajo del sistema.





Algunas comparaciones

Con un acumulado de ventas del orden de los US$ 6.400 millones, resulta oportuno realizar algunas comparaciones que permitan dimensionar la magnitud del mercado que implica el "dólar ahorro". Un punto que resulta importante analizar es la incidencia de las ventas que se realizan bajo este esquema en relación a los ingresos de divisas. En el acumulado del primer semestre, los 2.856 millones de dólares vendidos como "dólar ahorro" (enero a junio), más que duplican los 1.232 millones de dólares de superávit en la balanza comercial. De este modo, la sostenibilidad de las ventas sin acusar un impacto en la posición de reservas corre por cuenta de ingresos de divisas provenientes de la cuenta financiera.

En este punto, se observa que en el año en curso, en todos los meses las ventas de "dólar ahorro" superaron al saldo comercial informado por Indec. Durante el año pasado, esta situación sólo se había dado en el primer trimestre (período de menores exportaciones del agro) y aisladamente en el mes de octubre.



Respecto de las liquidaciones de exportaciones del complejo aceitero-cerealero (según lo reportado por la cámara sectorial), las ventas de dólar ahorro representan en lo que va de 2015 un 27%. Esta proporción resulta mayor en 20 puntos porcentuales que el mismo ratio medido para el año pasado. En dicho período, las ventas de "dólar ahorro" representaban apenas el 7% de las liquidaciones informadas por CIARA-CEC.

Nota: Los valores correspondientes al mes de julio incluyen las operaciones registradas hasta el 22/07/2015.
 
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