CLARIN: Visión global La harina de soja argentina en China es un acontecimiento de orden mundial

2019/09/27

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Tras la apertura del mercado chino a la harina de soja argentina, es el sistema productivo chino de harina de soja el que se ha extendido a la Argentina.

China es el principal productor mundial de harina de soja (73.2 millones de toneladas en 2018); y no importa prácticamente nada del producto: menos de 30.000 toneladas en 2017/2018. La decisión de la República Popular de comprar harina de soja de la Argentina no es un episodio más de ampliación del número de proveedores externos, como es el caso de la apertura del mercado de carnes para los productores argentinos que ha ocurrido como consecuencia de la denominada “guerra comercial” con EE.UU. De ninguna manera.

El dato estratégico central que esclarece el significado de la decisión tomada por el gobierno chino de comprar este producto industrial de la Argentina, es que China no compra nada de harina de soja del exterior. 

La Argentina es el mayor exportador mundial de harina de soja (43% del total / 27 millones de toneladas en 2018), que es el complemento esencial de la alimentación animal en la República Popular y en el mundo entero. 

Este logro de la Argentina es obra del mayor complejo productivo de la industria agroalimentaria mundial, que se despliega sobre la costa del Río Paraná desde Rosario a San Nicolás. Allí se procesan 60 millones de toneladas de soja por año, y se producen 43% de las exportaciones mundiales de este producto, con una proporción similar de los aceites de ese origen. El núcleo de este proceso productivo (industrial) tecnológico de avanzada –llamado para abreviar “complejo sojero” –son las plantas (fábricas) situadas en la frontera tecnológica, con niveles de productividad / competitividad comparables o superiores a los de EE.UU. 

El “complejo sojero” es la base material del extraordinario despliegue tecnológico y científico del ecosistema Bioceres, que es la punta de lanza de la Argentina como partícipe de las tecnologías de avanzada de la revolución biotecnológica mundial, encabezada por la Ingeniería genética y las “Ciencias de la Vida”. Esta es la frontera de la innovación en la 4ta. revolución industrial, que es el proceso de informatización forzada de la manufactura, los servicios y la biología; y en ella el capital y el trabajo han dejado de ser lo esencial del proceso productivo, que ahora se ha volcado en su totalidad al conocimiento, ante todo el biológico. 

Esto es lo que está atrás de la potencia exportadora de harina de soja de la Argentina. No es un fenómeno de demanda, sino consecuencia del cambio revolucionario ocurrido con la oferta productiva. De ahí la extraordinaria productividad y excepcional capacidad de innovación del denominado “complejo sojero”. Esto que ha ocurrido en la Argentina es un episodio histórico profundamente capitalista. Por eso, lo esencial en la decisión de China de comprar harina de soja de la Argentina, no es la posibilidad de aumentar las exportaciones en 5 millones de toneladas por más de U$S 1.600 millones en 3/5 años, sino el hecho históricamente cualitativo de que el sector de punta de la industria argentina se incorpora e integra a partir de ahora al proceso de acumulación de la República Popular, que es el 2do. del mundo después del norteamericano.

El gobierno argentino advirtió que China “…no hará auditoria previa al sistema productivo, sino 24 meses después del 1er. embarque”, lo que significa que recién entonces “autorizaría” las exportaciones del país. Este no es un acto de “extrema confianza”, sino de conocimiento profundo del “complejo sojero” argentino. Lo que fundamenta esta decisión es que los capitales chinos –vía Cofco, Nidera, Noble- se encuentran entre los principales procesadores (productores) de harina de soja de la Argentina. La lucidez, no el apresuramiento, es el rasgo característico de la cultura estratégica de la República Popular, que exige ante todo que uno se conozca a sí mismo y recién después a los adversarios, esto es, a los competidores. Lo que hay que prever a partir de ahora no es un aumento de las exportaciones de harina de soja de la Argentina con destino al mercado chino, sino el arribo de inversiones en gran escala de la República Popular en todas las fases del “complejo sojero” desde la producción primaria el ecosistema Bioceres, pasando por las enormes plantas agroindustriales desplegadas desde Rosario a San Nicolás. 

En términos globales, es el sistema productivo chino de harina de soja, el 1ro. del mundo, que el año pasado produjo 73.2 millones de toneladas, el que se ha extendido a la Argentina en 2019. Este es un acontecimiento mayor en la historia de la inserción de la Argentina en el mundo. 




El Estado se queda con $65 de cada $100 que genera una hectárea de soja

2019/07/10



Para todos los cultivos, la medición de junio 2019 reveló que el 56,9% de la renta es retenida por los distintos niveles estatales.



Por Agrofy News

Como cada tres meses, FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) presenta su Índice FADA. Este informe mide cuánto de la renta agrícola queda en manos del Estado, entendiendo la renta como el resultado del valor de la producción a precios FOB, menos los costos de producción, comercialización y administración. Esta renta se divide entre el costo de la tierra, el resultado de producción y los impuestos.
La medición de junio 2019 reveló que el 56,9% de la renta es retenida por los distintos niveles estatales. Dicho de otro modo, de cada $100, $56,9 son para los gobiernos, ya sea municipal, provincial o nacional. Mientras que el promedio ponderado de cultivos a nivel nacional es de 56,9%, la participación del Estado en soja es del 65,3%, en maíz 46,4%, en trigo 50,1% y en girasol 70,1%. 
David Miazzo, economista jefe de FADA explicó: “Las diferencias entre cada cultivo son por los impuestos, como el caso de soja que tiene 18% más de derechos de exportación que el resto, y por la renta que genera cada cultivo, a menor rentabilidad mayor participación relativa de los impuestos”.
Los impuestos que conforman ese 56,9% son de diversa índole: 38,7% son coparticipables entre el Estado nacional y el provincial, 55,7% son nacionales no coparticipables, 4,8% son provinciales y 0,9% son municipales.
La alta participación de los impuestos nacionales no coparticipables está dada por los derechos de exportación, que explican el 53% de todos los impuestos que recaen sobre una hectárea agrícola.
Por su lado, los impuestos nacionales coparticipables son el impuesto a las ganancias y el IVA. Estos impuestos son distribuidos entre las provincias, la ciudad de Buenos Aires y el Estado Nacional de acuerdo a lo que establece la coparticipación. Por ejemplo, el impuesto a las ganancias luego de detracciones para la AFIP, ANSES, el fondo compensador de desequilibrios provinciales y el fondo de Aportes del Tesoro de la Nación (ATN), queda un 94% del impuesto original, un 36% va al Estado nacional y un 58% a las provincias y CABA.
Los impuestos provinciales son mayormente el impuesto inmobiliario rural y el impuesto a los ingresos brutos. Por último, de los impuestos municipales, el componente central son las tasas viales. A nivel municipios y provincias hay diferencias entre las provincias, que se explican más abajo.
Según Miazzo, "la cuestión impositiva, sobre la que trata este informe, es central para pensar la competitividad del país, y sobre todo de las pymes. Por ejemplo, es clave en relación al reciente acuerdo Mercosur-UE, el cual amplía los mercados de Argentina, y sobre todo da acceso preferencial a un mercado de alto poder adquisitivo. Pero, para poder aprovechar las oportunidades que este acuerdo genera, tenemos que enfrentar los desafíos internos. El principal, es la competitividad, para poder competir con otras pymes y productores europeos y poder venderles en su propio territorio. Y los impuestos son parte central de la competitividad, el desafío es lograr bajarlos para poder exportar más, producir más y sobre todo, generar más empleo. En las cadenas agroalimentarias se debe poner aún más el énfasis, porque el campo está muy subsidiado en Europa.” 

PRECIOS

En el caso del maíz y el trigo, los precios mejoraron respecto a marzo, mientras que para la soja y el girasol ocurrió lo contrario. El precio del maíz aumentó un 23,9% y el del trigo un 13,3%. Esta mejora impulsó la baja del índice. En soja el precio bajó un 1,3% y en el girasol un 5,7%
Si la comparación se realiza contra junio de 2018, se notan caídas relevantes de precios. Sin embargo, sucede en parte por el efecto de los derechos de exportación, introducidos en septiembre de 2018, que hace bajar el precio FAS y el disponible.

COSTOS

Los costos no han tenido variaciones significativas respecto a los de marzo de este año, por lo que los costos en pesos se han depreciado levemente. La estabilidad es principalmente fruto de la estacionalidad de la producción agrícola, donde los principales cambios se presentan en septiembre y marzo. Con respecto a junio 2018 la suba de costos sí ha sido relevante.
Se analizan los costos involucrados en una hectárea de maíz, para tomar como ejemplo. En el cálculo del índice se toma desde el valor FOB al resultado después de todos los impuestos. Por ello, se consideran los costos de exportación (fobbing), comercialización, transporte, seguros, administración y producción.
Al analizar los costos resaltan dos puntos. El primero, los gastos de fobbing representan entre el 13% y el 16% de todos los costos involucrados en una hectárea de maíz. Resulta llamativo que estos gastos representen lo mismo que cuestan los fertilizantes, tanto en maíz como en soja.
El segundo punto, son los fletes, donde se puede ver cómo se va incrementando el costo a medida que uno se aleja de los puertos. En el caso del maíz, el flete representa el 21% de los costos en Buenos Aires, en Córdoba el 24%, en San Luis el 24% y en La Pampa el 26%. En Santa Fe, como el grueso de la producción se encuentra relativamente cerca de los puertos, representa el 14%. 
Así, entre fobbing y flete, suman entre el 34% y el 42% de los costos de una hectárea de maíz, sin considerar el costo de la tierra.

TIPO DE CAMBIO

Nicolle Pisani Claro, economista de FADA, explicó: “El índice analiza la estructura de costos en pesos y en dólares y encontramos que un 57% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados mientras que el restante 43% están pesificados. Esta relación en diciembre era 62%-38%, pero al caer el tipo de cambio real, hace que los componentes pesificados tengan mayor peso relativo”. 
En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 61% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 39%. Si se considera la renta de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 68%.
Pisani aclaró: “El componente en pesos también suele tener una alta relación con el dólar por dos motivos: la rápida transmisión de la devaluación a los precios y porque dentro de los costos pesificados está, por ejemplo, el flete cuyos costos dependen en gran medida del precio del combustible y éste está ligado al precio del petróleo y del dólar. Además de que el valor de los camiones y maquinaria también guarda correlación con el tipo de cambio”.

ÍNDICES PROVINCIALES

Mientras el índice FADA nacional es de 56,9%, Córdoba registra un 55,8%, Buenos Aires 58,8%, Santa Fe 56,1%, La Pampa 57,4%, y San Luis 54,1%.
En estos resultados, se conjugan los rindes, los impuestos provinciales y locales, los fletes y la participación de cada grano en el área cultivada de cada provincia. Así, por ejemplo, el bajo número de San Luis se explica, en parte, por la mayor proporción de maíz con respecto a soja en su área cultivada.
Los impuestos varían provincia a provincia. En todas las provincias analizadas se paga impuesto inmobiliario rural. Buenos Aires, La Pampa y San Luis pagan Ingresos Brutos. La alícuota es del 1% en los casos de Buenos Aires y San Luis, y 0,5% en La Pampa. En Córdoba y Santa Fe la actividad está exenta. 
Buenos Aires y Santa Fe tienen tasas municipales, mientras que La Pampa tiene las guías cerealeras. Córdoba y San Luis no tienen imposiciones a nivel local. San Luis y La Pampa tienen impuestos al estilo de aduanas internas.

Opinión: no hay mejor ambientalista que el productor agropecuario. Por Dardo Chiesa

2019/07/01

El avance injustificado de los mal llamados ambientalistas pone en alerta al sector agropecuario y agroindustrial en su totalidad. Decisiones como las de la provincia de Chubut con la prohibición del glifosato en todo su territorio, genera un precedente pésimo.

En la provincia de Entre Ríos quedarán sin producir 300.000 hectáreas y ni los productores, ni la provincia, ni la Nación pueden darse ese lujo. Esto definitivamente impactará en las ciudades entrerrianas.

Sumado a la Reforma del Código Penal, que diferencia entre un funcionario lanzando bolsos por un convento con una pena de seis años de prisión y un "presunto delito ambiental" hasta 20 años, son elementos que constituyen una demagogia pocas veces vista en nuestro país.

Desde CRA tenemos un problema con los pseudo ambientalistas que están sentados en escritorios y pretenden tomar decisiones. No hay más ambientalista que el mismo productor. Hay que vivir los problemas y encontrarse con las limitantes. Por ejemplo, hay que conocer de cerca lo que sucede con los guanacos, pumas y perros asilvestrados. Del mismo modo pasa con una Ley de Humedales, donde la provincia de Corrientes puede pasar a ser directamente una reserva ecológica, y también con la visión sesgada sobre el uso de la ciencia y la tecnología indispensable para el rinde de los cultivos.

Hay una gran ausencia y un total desconocimiento en base a la ciencia y tecnología que es aplicada en el campo. Los productos fitosanitarios que los productores utilizamos están todos aprobados por Senasa y validados en su uso y manipulación por el INTI y el INTA, organismos oficiales por demás reconocidos internacionalmente.

Todo esto, sumado al impacto sobre los productores de los parques nacionales creados sin ningún seguimiento ni logística, que los condena a perder sus explotaciones, y así a abandonar los campos y por consiguiente el arraigo rural.

A pesar de que tanto provincias como Córdoba y Santa Fe han desarrollado programas de BPA (Buenas Prácticas Agrícolas) y avalados por la Nación, hoy todo eso se desconoce bajo el manto de la sospecha y ha quedado sumergida en la tan llamada grieta política.

Dardo Chiesa, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)

De qué hablamos cuando decimos "El Campo" Por Gabriel De Raedemaeker

2019/06/05

 ¿De qué hablamos cuando hablamos de campo?

Hablamos de respeto por las tradiciones, apego a los valores de familia, admiración por nuestros abuelos, cultura de trabajo y búsqueda de progreso y autosuperación.

Hablamos de ausencia de temor al sacrificio, defensa y amor por la tierra, profundo y verdadero cuidado del medio ambiente.

Hablamos, de maquinaria de última generación y de hombres de a caballo, de jornadas laborales que comienzan antes de la salida del sol y terminan mucho después del ocaso, apoyadas ahora por tecnología satelital que nos permite guiarnos adonde antes sólo veíamos oscuridad o penumbra. La ruralidad a pleno.

Pero ¿De qué más hablamos cuando hablamos del campo? La Escuela de Negocios de la Universidad Austral nos ayuda a encontrar una respuesta.

Hablamos de treinta y nueve millones de hectáreas sembradas con dieciséis cultivos diferentes. Treinta y una cadenas agroalimentarias que son las responsables del 55% de las divisas que entran al país, cifra ésta cuatro veces superior a la del sector automotriz, su inmediato seguidor, pero con la salvedad de que el agroalimentario es el único actor productivo capaz de proveer divisas genuinas, superavitarias, con saldo positivo de balanza comercial, es decir que produce para el país más dólares de los que demanda, constituyéndose además en el responsable del empleo de más del 30% de los trabajadores argentinos.

Hablamos de días completos de trabajo con turnos rotativos que posibilitan el descanso que el cuerpo necesita y que contemplan las leyes que protegen a los trabajadores, pilares insustituibles de un andamiaje social que sabe de rondas de mate y tortillas en patios o galerías, silenciosas estructuras edilicias que fueron testigos del trajinar que forjó nuestra patria en tiempos que parecen lejanos para quienes habitan las ciudades pero que son reivindicados día a día por aquellos que cuidan, defienden y trabajan la tierra para producir alimentos y energía para nuestro país y el mundo. Las herramientas ya no son la lanza o el fusil, útiles en tiempos de la independencia, sino sembradoras, fertilizadoras, cosechadoras, bovinos de razas sintéticas, tecnología de reproducción, ingeniería genética, tomógrafos, agricultura de precisión, robótica aplicada a la producción, cultivos transgénicos, trasplantes embrionarios, banderilleros satelitales, corrales, casillas de operar, drones y una lista interminable de avances tecnológicos que parecen salidos de una película de ciencia ficción para cualquier observador desprevenido.

Hablamos de pura ciencia del conocimiento puesta al servicio de la producción sustentable.

Hablamos de hombres y mujeres que llevamos adelante nuestro trabajo no sólo sin subsidios, apoyos ni promociones del gobierno de turno, sino con retenciones a las exportaciones y soportando sobre nuestras espaldas todo el peso de un Estado que nos asfixia con impuestos distorsivos y confiscatorios sin contemplar la ocurrencia de fenómenos climáticos extremos que desencadenan sequías o inundaciones que ponen punto final al sacrificio de innumerable cantidad de productores que quedan definitivamente al costado del camino. Otros logran reponerse para continuar con su labor productiva, pero solos, sin ninguna asistencia. El Estado está ahí, encima nuestro, no para protegernos, no para acompañarnos, sino para expoliarnos. 

Podemos quejarnos y sentarnos a esperar el cambio de las reglas de juego. Elegimos el camino de la propuesta y la superación frente a la adversidad. El mundo nos admira por ello y nos observa para tratar de imitarnos.

Las viejas dicotomías rural/urbano, campo/industria pierden sentido frente a los vertiginosos cambios del campo. Nos necesitamos mutuamente, nos complementamos. Pero ciencia y conocimiento aún deben enfrentarse al fundamentalismo de ideologías que no conciben el progreso sustentable.

Hoy podemos mostrar con orgullo planteos de economía circular y proyectos bioenergéticos ligados al aprovechamiento de los residuos generados en las actividades productivas cotidianas, biomateriales para construir desde cepillos de dientes hasta viviendas, productos químicos, medicinales y muchos otros, bioetanol de maíz y caña de azúcar, para cortar naftas, hasta biodiésel de soja, para cortar gasoil. Desde biomasa residual de forestaciones o cultivos (cítricos, arroz, maní) hasta biogás de criaderos o frigoríficos.

Claramente el campo argentino es mucho, pero mucho más que soja.

La matriz productiva agropecuaria evolucionó dramáticamente, tanto, que la opinión pública y buena parte de la dirigencia política no han logrado adecuarse a esos cambios y continúan, aún hoy, atacando fantasmas del pasado.

Fieles trabajadores de la tierra, bregamos por sepultar las imposiciones dogmáticas y los fanatismos ideológicos para ayudar a que logren prevalecer los enunciados y preceptos de la ciencia y el conocimiento aplicado a la tecnología, sin grietas ni fundamentalismos. Para que las leyes, normas y ordenanzas que autorizan o prohíben determinadas actividades surjan de debates técnicos y de la construcción de consensos, no del capricho de algún dirigente político influenciado por alguna minoría ideologizada o con oscuros e inconfesados intereses particulares.

Sepamos entonces que al menos de esto hablamos cuando hablamos de campo.

Ing. Agr. Gabriel De Raedemaeker

Siete mitos sobre el campo desterrados de raíz. Por Nicolás Degano | Agrofy News

2019/05/20



La contribución del sector a la economía parece no reflejarse sobre la sociedad. ¿Hasta dónde llega el aporte del sector al país?

Es todo soja, no agrega valor, es preferible producir autos. Son solo algunos conceptos que se suelen apuntar al campo.
Guillermo D’Andrea, Dir. Académico de Alumni, IAE Business School, se encargó de responder uno por uno los mitos que recaen sobre las cadenas agroalimentarias, que "han conseguido ser motor económico del país no solo sin ayuda sino con trabas, a diferencia de sus competidores".
"Son cadenas estratégicas para la reinserción internacional del país, un aspecto vital para una economía siempre tensionada por la falta de dólares". Se trata de una reinserción que ubica a la Argentina como proveedor de bienes primarios o intermedios, como granos de maíz para pollo vietnamita. Pasando por el supermercado del mundo, con la carne argentina en las góndolas de China. Llegando a ser una boutique global, como vino Mabec de calidad que se vende a través de Alibaba.
"Quienes no están vinculados al sector, tienen una visión muy negativa sin estar basados en datos. Debemos trabajar en revertir esta creencia que en muchos casos es errónea", agregó Ana Galiano, Decana Fac. Cs. Empresariales Universidad Austral Sede Rosario.
D’Andrea destacó también la necesidad del sector de integrarse más con las cadenas que origina con el objetivo de comunicar de forma inteligente. El ejemplo lo dan las cadenas del limón, en donde Argentina es referente a nivel mundial, y la del vino: "Cadenas gestionadas de manera integral y que debemos comunicar desde el campo".
Además el sector necesita una representación integrada. Lo que en su momento fue la Mesa de Enlace pero que en la actualidad se encuentra totalmente fragmentada. El precio de no contar con esta representación "es pagar retenciones q le quitan el oxígeno a la agroindustria para crecer".
Es no tener caminos, fletes carísimos que limitan la frontera agropecuaria y la llegada a mercados. En definitiva: "pobreza para todos".

LOS 7 MITOS SOBRE EL CAMPO

Los siete mitos se presentaron durante un encuentro que realizó el IAE Business School junto al centro de Agronegocios de la Universidad Austral de Rosario.

Mito 1: es solo soja

"En 2018, la Argentina sembró 16 cultivos en un área superior a Alemania o Japón", destacó D’Andrea.
En total se sembraron 39 millones de hectáreas divididas entre 16 cultivos: soja (17.350.000 hectáreas), maíz: (8.700.000), trigo (6.290.000), girasol (1.850.000), cebada (1.355.000), avena (1.150.000), sorgo (500.000), poroto (422.000), algodón, (415.000), maní (400.000), centeno (331.300), arroz (195.000), cártamo, (28.650), alpiste (27.100) colza (18.400 lino (13.900).
"Y no solo es cultivos, sino que son más de 30 cadenas agroindustriales", agregó.

Mito 2: no se agrega valor

"El complejo de la soja es el principal rubro exportador del país, pero 84% de lo despachado no son granos", explicó sobre una cadena que genera divisas por US$ 28.000 millones al año.
"Tanto la soja como el maíz se convierten en carnes, que se consumen en el país y se exportan", respondió el especialista del IAE de la Universidad Austral. La producción de carne en la Argentina alcanzó en 2018 los 6 millones de toneladas (bovina, aviar, porcina y ovina).
El consumo interno es el principal destino de la transformación en proteína animal, con un consumo per cápita de 110 kg al año teniendo en cuenta todas las carnes. Pero también juega la exportación, que en 2018 generó divisas por US$ 3.300 millones representando el 5,5% de las ventas al exterior de la Argentina.
"Soja y maíz también se transforman en lácteos", agregó. El consumo interno de leche es de 193 litros al año, con un valor de mercado de $ 218 mil millones. Además, la exportación de productos de la cadena láctea generó divisas por US$ 872 millones en 2018.

Mito 3: es mejor producir autos

¿Autos sí, agro no? Fue la pregunta que se planteó el panel: "El complejo automotor es el segundo de mayor peso en las exportaciones con US$ 7.955 millones, pero en realidad el balance del sector es negativo en US$ 3.575 millones, ya que realiza importaciones por US$ 10.992 millones".
Además, "en valor un kilo de Pick Up se exporta a US$ 12,26 contra US$ 12,70 un kilo de carne". Todo esto teniendo en cuenta que el sector automotriz tiene muchos componentes importados y goza de reintegros a la exportación, cuando el sector cárnico produce mayormente con insumos locales y tiene retenciones.

Mito 4: que no genera empleo

Las 31 cadenas agroalimentarias que hay en la Argentina (sin contar servicios y restando al campo el transporte de carga), generan un 31% del empleo total, un número cercano a los 2 millones de puestos de trabajo.
Además, dentro de la industria manufacturera, los frigoríficos eran los segundos principales empleadores, solo detrás del rubro panaderías: "Sus casi 59.500 puestos superaban a los 49.600 de prendas de vestir, 24.500 de calzado y sus partes. Y el campo produce algodón y cuero para esos dos rubros".
Mito 5: no tiene peso en la economía
Este mito se refiere al dicho "exportan mucho pero en la actividad de la economía no tienen peso". "Tomando las 31 cadenas agroalimentarias, que generan un valor de producción total de US$ 484.753 millones (excluyendo los servicios), el peso del sector sobre el PBI de la Argentina es del 31%", destacó D’Andrea.
Ahora la pregunta es, ¿cómo pudo impactar tanto la sequía histórica del 2018 en la economía? "De la caída del 2,6% del PBI en 2018 la sequía fue responsable de la mitad".
Así y todo, los productores volvieron a apostar con una inversión superior a los US$ 10.000 millones que derivó en una cosecha récord que se está levantando actualmente.

Mito 6: el campo atrasa, hacen falta sectores dinámicos e innovadores

"Los saltos de productividad obedecen a innovaciones tecnológicas", remarcó el especialista de IAE destacando la cosecha actual de 145 millones de toneladas, que se logró gracias a la adopción de parte de los productores de siembra directa, semillas OGM, fertilizantes, agroquímicos y agricultura de precisión.
"Se duplicó la población mundial y hay alimentos disponibles gracias a la innovación", agregó.
Además, citó ejemplos como el bioplástico: "Nos creemos que todo viene del petróleo". A lo que se suman infinidad de casos, como "pulverizadoras con sensores de verde, que detectan las malezas y aplican herbicidas solo allí, con ahorro de más de 80% del volumen usual, y un beneficio económico y ambiental".  Hasta un "toro editado genéticamente para producir más carne más magra".
Todo viene de la mano de los desarrollos de AgTech, que en 2018 recibieron una inversión a nivel global de US$ 1.600 millones, con 209 acuerdos de inversión. 
Además se termina la dicotomía campo ciudad bajo el concepto de bioeconomia: "Existen cada vez más proyectos bioenergéticos ligados al aprovechamiento de los residuos generados en las actividades del campo, en un esquema de economía circular".
Desde bioetanol de maíz y caña (para cortar naftas) hasta biodiésel de soja (para cortar gasoil), desde biomasa residual de forestaciones o cultivos (cítricos, arroz, maní) hasta biogás de criaderos o frigoríficos. También biomateriales para construir desde cepillos de dientes hasta casas, productos químicos, medicinales y muchos otros.

Mito 7: otros sectores exportan mucho

En 2018 la Argentina exportó en total US$ 61.559 millones en bienes y servicios. De ese total, los complejos agroexportadores generaron cerca de un 55%, con US$ 34.000 millones. "Por cada US$ 1 que exporta la Argentina, el campo aporta US$ 0,55".
Ademas, casi todos los sectores que exportan ingresan menos dólares de los que demandan. La balanza comercial argentina en 2018 arrojó un déficit de US$ 3.824 millones, cuando en el mismo lapso de tiempo llas cadenas de agroalimentos lograron un superávit de US$ 30.500 millones.

LA DEUDA CON EL SECTOR

D’Andrea agregó que todavía hay aspectos a resolver para aprovechar todo el potencial, teniendo en cuenta los siguientes puntos:
  • Cuellos de botella en los puertos incrementan fuertemente el costo de flete.
  • Faltan caminos para sacar la producción de los campos.
  • Se necesitan canales para poder regar los cultivos.
  • La Ley de Semillas que debería reemplazar la de 1973 lleva 15 años sin lograr consenso para adaptarse a la aparición de la biotecnología: la Argentina pierde rindes y competitividad frente a sus competidores.
  • Incentivar la reposición de nutrientes del suelo: otra ley que se demora.
  • Generar condiciones en las provincias para que la gente quiera vivir allí.

Convenio de Cooperación: Programa de Reciclado de Silo Bolsas

2019/05/13


APR Marcos Juárez, representada por Aidita Pautassi, participó de la firma del convenio de Cooperación para el reciclado de silo bolsas junto a Cooperativas y Bomberos de la ciudad.



El jueves 2 de mayo, en la sede de Bomberos Voluntarios Marcos Juárez, las autoridades de los Ministerios de Gobierno, Agricultura y Ganadería de la Provincia de Córdoba, la Asociación de Cooperativas Argentinas, Agricultores Federados Argentinos y la Federación de Cooperativas Federadas, firmaron el  "Convenio Marco de Cooperación”, que tiene por objeto la implementación y desarrollo de un “Programa de Reciclado de Silo Bolsas”, para recuperar los residuos plásticos y que lo recaudado sea para los cuarteles de bomberos de la provincia.
Los Bomberos Voluntarios de Marcos Juárez fueron los primeros en rubricar el acuerdo, en este caso con la Asociación de Productores Rurales de Marcos Juárez, que se comprometió a difundir la iniciativa, y las cooperativas locales General Paz y AFA que, además de difundir entre sus asociados, serán los centros de acopio de los silos bolsa usados. 
Marcos Juárez es la prueba piloto del convenio firmado que, desde la Federación de Bomberos, esperan se extienda el resto de la provincia ya que el beneficio económico para los cuarteles puede ser importante.
Los silos bolsas adquiridos por la Asociación de Cooperativas Argentinas, que tienen como destino final la planta de reciclado que posee A.C.A. en Cañada de Gómez, permitirá generar un aporte económico que será destinado a colaborar con la labor de Bomberos Voluntarios. Paralelamente, el Centro de Capacitación y Programación de la Federación de Bomberos dictará a los miembros de las Asociaciones y Cooperativas firmantes, cursos específicos vinculados a sus áreas de Especialización.
La iniciativa apuesta a fortalecer el objetivo de proteger el medio ambiente y aumentar la recaudación de fondos para los cuarteles que adhieran al acuerdo.

















Pongamos punto final a la hipocresía demagógica

2019/04/23

COMUNICADO CARTEZ

Los productores agropecuarios argentinos lo hicieron de nuevo: Pusieron a disposición del país la cosecha más grande de la historia, consecuencia pura y exclusiva de su tesón y capacidad de sobreponerse a la adversidad, con una profunda vocación por el cuidado del medio ambiente en un contexto de producción sustentable.

Sin embargo, y a pesar de semejante logro, no se sienten cómodos en el papel de salvadores económicos de una Argentina que está sumida en una crisis profunda de incertidumbre política y financiera, dividida y lacerada por un índice de pobreza que golpea a más de un tercio de sus habitantes. Esta Argentina de las contradicciones, que produce comida para más de 400 millones de personas pero cuyos dirigentes no encuentran el modo de alimentar a la totalidad de su población. Los productores no pueden sentirse cómodos desempeñando el papel de mesías bajo las reglas de juego que les imponen para llevar adelante su actividad: cambio permanente de pautas económicas, presión fiscal asfixiante, tasas de interés usurarias, inflación indomable, dólar artificialmente atrasado, retenciones a las exportaciones y un largo etcétera que nos transporta a tiempos aún cercanos, pero pasados, que creíamos definitivamente superados.

En ese contexto, el Gobierno Nacional y buena parte de la sociedad ponen sus ojos en una producción agropecuaria salvadora, en un ciclo en el que el único aliado que tuvo el campo fue el clima. Porque ¿Quién se acordó el año pasado de tantos productores agropecuarios golpeados por la sequía más tremenda del último medio siglo? Cuando miramos a un lado, en busca de algún apoyo que nos permitiera continuar en actividad, fuimos remitidos al Banco Nación, banco de fomento de la producción, adonde nos atendieron con tasas de refinanciamiento superiores al 60%, obviamente incompatibles con cualquier actividad productiva lícita.

Menos aún parece sencillo sentirse cómodos debiendo desempeñar el papel de salvadores de un país que, en virtud del proyecto de reformas del Código Penal impulsado por el Poder Ejecutivo y que ya fue girado al Senado de la Nación, pretende equiparar las penas que eventualmente pudieran corresponderles a sus productores con las que les caben a ladrones, violadores o asesinos seriales.

Sin ánimo de defender ni reivindicar a ningún productor que no sea capaz de aplicar las Buenas Prácticas Agropecuarias para asegurar un sistema productivo sustentable y respetuoso de la salud de toda la población, cabe preguntarse si es cuerdo suponer que alguien esté dispuesto a arriesgar su capital, su trabajo, su tiempo, su futuro, y eventualmente su libertad, para producir los alimentos y energía que el país le pide a gritos, bajo el estricto cumplimiento de todo el marco legal e impositivo vigente, y aun así quedar expuesto a una cacería de brujas por parte de algún fiscal que, en estricto cumplimiento de su deber, pero impregnado de un halo ideológico anti-campo (Tan común en la década pasada), considere, por ejemplo, que las aplicaciones de productos fitosanitarios que realiza en su explotación, constituyen un mecanismo de contaminación ambiental. O que pueda ser encarcelado, acusado de propagar organismos genéticamente modificados que alguien suponga que pueden provocar daños a la salud o al ambiente, cuando en realidad sólo está produciendo el maíz que su patria le reclama. ¿Es razonable que un productor de carne o leche pueda ser acusado de cometer delitos contra la biodiversidad por llevar adelante su actividad productiva legal? Aparece muy difuso el límite entre lo legal y lo condenable, en una zona gris en la que un determinado posicionamiento ideológico puede conducir a decisiones profundamente equivocadas. Imaginemos las penas que pueden caer sobre un productor que lleve adelante su actividad en una provincia que no cuente con un mapa de ordenamiento territorial de bosques nativos actualizado y sincerado con lo que en verdad muestra el ambiente.

No es casualidad que los capitales huyan de un país cuyos dirigentes ni siquiera están dispuestos a brindar seguridad jurídica a quien invierte, a quien genera puestos de trabajo, a quien provee divisas genuinas al tiempo que cumple con la ley, en inferioridad de condiciones respecto de sus competidores.

La dirigencia política parece no estar a la altura de lo que necesita la Argentina.

Será por eso por lo que tantos compatriotas sólo elijen sentarse a esperar que les llegue su subsidio a cambio de ninguna contraprestación.

Alguien en este país debe dedicarse a producir, y a ese alguien habría que apoyarlo, motivarlo, cuidarlo y, de tanto en tanto, darle algún tipo de reconocimiento por su actitud patriótica.

Pero parece que, nuevamente, se pretende recurrir al método remanido, demagógico y fracasado de perseguirlo y castigarlo.
 
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