Se derrumbó el nivel proteico de la soja argentina junto con la hipótesis de que ese factor es inversamente proporcional al rinde

2018/06/04

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Un problema que genera sobrecostos industriales importantes.
Se derrumbó el nivel proteico de la soja argentina junto con la hipótesis de que ese factor es inversamente proporcional al rinde
En la campaña 2017/18 las partidas de soja provenientes de la zona núcleo pampeana registraron –por sexto año consecutivo– un bajo nivel proteico que complica el procesamiento del poroto por parte de la industria aceitera.
El promedio de proteína de la campaña de soja 2017/18 (primera + segunda) fue de 34.6%, el nivel más bajo en los 21 años en los que se llevan registros, según datos obtenidos por el equipo de técnicos del Laboratorio de Calidad Industrial y Valor Agregado de Cereales y Oleaginosas de INTA Marcos Juárez.
A partir del ciclo 2012/13 el promedio proteico de soja relevado por el Laboratorio del INTA Marcos Juárez en muestras representativas provenientes de la zona núcleo pampeana no superó el 37,4% (con un promedio en las últimas seis campañas de 36.7%).
En las cinco campañas inmediatas anteriores (2007/08 a 2011/12) el promedio anual de proteína en soja había sido de 38.8% con un máximo de 39.4% en 2008/09.
El promedio de proteína en la presente campaña 2017/18 de soja de primera fue de 34.0%, una cifra 2.0% menor a la registrada en 2016/17, mientras que en soja de segunda fue de 35.4%, un 2.1% inferior a la del ciclo anterior.
La baja humedad de los granos a cosecha fue otro aspecto desfavorable –tanto para el productor como para la industria– con un promedio de 10.1% versus 13.0% de la campaña 2016/17, lo que “dificulta el descascarado a nivel industrial y al productor lo perjudica en menos kilos al vender, ya que más agua en el grano representa mayor tonelaje para el mismo grano, siempre dentro de la tolerancia de recibo del 13.5%”, indicó el informe del INTA Marcos Juárez.
“Eso contribuyó a incrementar la dureza de los granos que dificulta el descascarado, incidiendo directamente en el nivel proteico de las harinas proteicas HI-PRO, principal producto de nuestras exportaciones sojeras al  exterior. Esto exigirá un manejo diferencial y costos extras de producción”, añadió el informe.
El bajo tenor proteico de la soja obligará a la industria oleaginosa argentina a importar varios millones de toneladas de poroto proveniente de Paraguay, Brasil y EE.UU. para poder elaborar harina de soja HI PRO (46,5% a 47,0% de proteína).
Debido a las diferencias de calidad registradas en los lotes de soja cosechados antes y después de los excesos hídricos de fines de abril y comienzos de mayo, el INTA sugirió “a los acopios no mezclar soja antes y después del temporal porque estarían desmejorando mucho la calidad, con incrementos en los castigos por granos dañados, granos verdes, etcétera”.
Si bien muchos suponían que el nivel proteico en soja es inversamente proporcional al rendimiento del cultivo, en la presente campaña –afectada por una severa sequía– quedó claro que esa premisa es falsa.
La elección del genotipo adecuado es la práctica de manejo más importante sobre la cual el empresario agrícola tiene control para mejorar el nivel proteico en soja. Esa es una de las conclusiones obtenidas por un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) con el apoyo de CREA, IICAR/Conicet y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
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